Lo que nos deja Delcy

A la hora que esta limonada ha sido publicada, en el día de ayer iniciaba un drama multifacético que tuvo como balance la muerte de una mujer que salió de su casa a trabajar sin saber que ya no regresaría. Delcy Miguelina Yapor es descrita con las mejores prendas morales que corresponden a una persona familiar, espiritual, servicial. Alguien que hacía que este mundo fuera mejor gracias a su existencia.

Aunque no conocí a Delcy, su muerte me duele de muchas maneras: por innecesaria, por evitable, por prevenible, por injusta, por inútil. Toda muerte duele a alguien, y me imagino que la noche que acaba de pasar ha sido horrible para su esposo, para sus hijos, para su familia, para su comunidad. La muerte es segura para todos, pero… ¿morir así? ¿morir mientras dos menores (que pudieran haber sido hijos nuestros) la acompañaban? ¿morir a causa de una bala disparada con otra intención? ¿morir porque alguien quiso vengar el atraco de una cartera? ¿morir mientras dos azarosos huían en vía contraria, quizás contentos de que el tiro no se les pegó a ellos? No, morir así no es una muerte que quepa en la cabeza de nadie.

Y a pesar de lo terriblemente triste del desenlace de la vida de Delcy, pienso que hay algunas enseñanzas en lo sucedido. De manera respetuosa ante el dolor de su familia, quisiera exponer lo que creo que nos deja Delcy con este abrumador hecho.

La vida es un ratito

Supuestamente lo sabemos, pero solemos vivir nuestras vidas de espaldas a esa realidad. Nos pensamos fuertes, sanos, casi eternos, sin darnos cuenta de que vivimos al borde de un precipicio. Ayer cuando Delcy encendió su vehículo, nadie pudo prever lo que pasaría momentos después. De ahí la importancia de vivir con la menor cantidad de “deudas emocionales”. Que no falte brindarle amor a los cercanos, ayudar a quien lo necesite, trabajar honestamente. Cualquier día puede ser nuestro último amanecer.

Estoy seguro de que Delcy no tuvo la muerte que deseaba ni la que nadie cercano a ella esperaba. Ni en forma ni en tiempo ni en circunstancias. Sin embargo, hace 24 horas que no está entre nosotros.

Heroísmo en la muerte

Estoy bastante seguro de que Delcy no tuvo mucho tiempo de reaccionar ante lo que sucedía, pero a pesar de todo, reaccionó correctamente. En los vídeos de la cámara de seguridad de un residencial cercano se percibe claramente cuando ella detiene el minibús, habiendo sido baleada. Quizás fue un acto reflejo de su parte, pero para mí eso fue su último acto heróico. Si mantenía el pie en el acelerador, o si perdía el control del vehículo, sin dudas el asunto pudo haber sido mucho peor.

Si aún no han visto el vídeo al que hago referencia, pueden consultarlo aquí.

La justicia no es justa

Cualquiera de nosotros seguramente afirmaría que Delcy murió a consecuencia de la delincuencia que nos arropa. Y tiene sentido pensar así, pues si los azarosos no hubieran sustraído la cartera a otra persona, ni se hubieran dado a la fuga, el exraso Franklin Padilla no habría disparado su arma.

Sin embargo, para el sistema judicial, las cosas no son así. No sé mucho de leyes, pero sé que si los atracadores de Evaristo Morales llegan a ser atrapados (y no los matan en un “intercambio de disparos”), a la hora de ser juzgados, la muerte de Delcy no formará parte de su expediente. Ellos no la mataron ni la atracaron. Probablemente ni siquiera se enteraron de que uno de los disparos la había alcanzado. Para el sistema judicial, ellos no tienen ninguna responsabilidad con esa muerte.

La persona que debe responder por la muerte de Delcy Yapor es Franklin Padilla Núñez, quien ya ha confesado que disparó su arma con intención de detener a los atracadores. Franklin Padilla, según lo poco que sé del Código Procesal Penal, podría ver cárcel por homicidio involuntario. Franklin Padilla, quien actuó con el interés de detener a dos asaltantes, quien intentó vengar un atraco menor, podría ser quien más sufra el peso de las leyes.

Si los atracadores son detenidos y juzgados, la pena máxima podría ser “una chambra” en comparación que el daño que desencadenó su “hazaña”.

Paremos la “eyaculación precoz” de desinformación

Me perdonan el término “sexual” en un tema muy serio, pero no encuentro nada más exacto. Desde que empezó a regarse la noticia del incidente en Evaristo Morales la cantidad de versiones que surgieron me aturdió. Se dijo que la señora discutió con “un motorista” porque ella le reclamó ir en contravía en la Francisco Prats Ramírez. Luego se dijo que la asaltaron y le dispararon. Más tarde, que le dispararon pero no fue que la asaltaron. Se dijo que su cuerpo había recibido tres disparos. Hubo gente que llegó a decir que la señora estaba embarazada. ¡Coño! ¿Esas son formas de ganar tráfico, likes, retuits y subir tu estúpido “Klout”? Maldita sea esa práctica.

Al final, la historia fue muy distinta, pero en las primeras horas, la cantidad de fábulas que se difundieron en las redes sociales, y de las que se hicieron eco algunos periodistas, fue dañina. La gente tiene que aprender que escuchar o leer cosas en las redes sociales no tiene absolutamente ninguna garantía de veracidad –ni siquiera cuando quien escribe es un reportero o periodista–. La razón es simple: Los hechos no se han asentado y hay mucha confusión. Por lo tanto, hay que tener mucho, extremo y especial cuidado cuando se va a difundir una información de un hecho confuso y no esclarecido.

Más aún, la cantidad de “expertos en balística”, “conducta delincuencial” y análisis de vídeos cuadro-por-cuadro que vi hoy es espeluznante. Todos en aire acondicionado y lejos del lugar de los hechos. ¡No jodan! Ese afán de “dar la primicia” y de lograr ser el primero que dijo tal cosa es una maldita traba a la verdadera información. Hacemos bien en verificar, volver a verificar y verificar las fuentes que verificamos. Se pierde más tiempo, pero se gana más credibilidad.

Déjenle los héroes a Marvel y DC Comics

Tampoco conozco a Franklin Padilla Núñez pero simpatizo mucho con él. Obviamente no por haber cegado la vida de Delcy, sino porque, aunque no conozco sus motivaciones, se adivinan fácilmente. Franklin, así como yo, está hastiado de la delincuencia. Harto de trabajar para que un maldito culo cagao se le ocurra apropiarse de lo ajeno. Le toca estar cerca de un atraco, ve huir a dos azarosos (asumo que fue testigo del delito) y tiene un arma a mano. No hay que ser genios para saber que el instinto actúa muy rápidamente. Yo no porto armas de fuego, pero si llegara a hacerlo y me viera en una situación como la que tuvo Franklin Padilla, apostaría que también halaría el gatillo.

Ser héroe no es algo que cualquiera de nosotros querría ser. El heroísmo implica riesgo y peligro, reflejos rápidos y mucho juicio. Se requiere mucho entrenamiento para manejar situaciones de alto peligro y saber actuar apropiadamente. Por eso, no dudo que la intención de Padilla haya sido aplaudible. Pero…

Todo por una cartera

Ninguna vida tiene precio, pero ayer la de Delcy Miguelina Yapor fue truncada por el “fantástico” valor de una cartera. No importa cuánto fuera el botín de los maleantes, estoy seguro de que nadie (ni los mismos atracadores, me atrevería a apostar) arriesgaría su vida por hacerse de una cartera de la que ni siquiera sabe su contenido.

Peor aún, el exraso Padilla, actuando probablemente bajo instinto y adrenalina, hizo uso del arma que portaba y realizó varios disparos. ¿Por una cartera? ¿Realmente vale la pena dispararle a asaltantes en movimiento para intentar recuperar una cartera?

También por una cartera, Kaisha Patricia Requena perdió la vida hace casi ocho años. Esto debería ser una alerta para nosotros también. Los atracadores salen a la calle dispuestos a delinquir, y están preparados para tomarse el riesgo de que los maten en ello. Tienen la ventaja de la preparación previa y del factor sorpresa, además que probablemente también anden armados. ¿Qué puede contener una cartera, un bulto o un vehículo que valga el riesgo de morir?

Ciudadanía armada

No les niego que me ha atraido siempre la ley del karma. Aquello de que “el que la hace, la paga” me parece no solo justo sino aplaudible. Pero me parece preocupante que la ciudadanía se empeñe en conseguir armas “para defenderse de la delincuencia”. Es cierto que las veces que me han robado he deseado que a los atracadores se los lleve una OMSA que se detenga en el Hipódromo, pero de ahí a que cada cual se busque “un jierro” para que lo libre de todo mal, se me antoja que es la antesala de muchos casos como el de Delcy.

El exraso Padilla fue militar, tuvo entrenamiento especializado para manipular armas de fuego, y sin embargo, ayer acabó con una vida, accidentalmente. ¿Qué garantías tenemos de que tú vas a saber usar una Glock para enfrentar a un delincuente? Peor aún, ¿qué seguridad tenemos de que ante cualquier pendejaíta, un choque de tu auto, un pleito jugando baloncesto, un cuerno que te peguen o una depresión que te de, no vas a sacar tu arma y usarla para hacer daño a alguien o a ti mismo? ¿Así se solucionará la delincuencia?

…¿O no será la manera más rápida de aumentar los crímenes?

“¡COÑO, BASTA YA!”

Sin embargo, nos sentimos indefensos ante la delincuencia. Profundamente desprotegidos. Y muertes como la de Delcy provoca un aluvión de descontento, desesperanza e impotencia que no es fácil de expresar o contener. Este ciudadano, que conocía a Delcy y a su esposo, lo dijo con bastante elocuencia.

¡Coño, Basta ya!

¡Coño, Basta ya!

Ciudad segura my ass

Es difícil no sonar “comemierda” con esto pero la muerte de Delcy y el atraco que la provocó no sucedieron en un “barrio caliente”, ni en un sector lleno de droga, delincuencia o prostitución. No, ello sucedió en Evaristo Morales, un sector tipificado comúnmente como clase media alta. Un sector patrullado continuamente. Un sector donde casi todos los edificios y negocios tienen vigilantes y cámaras de seguridad. Y aún así, allí fueron esos malditos a robar una pendeja cartera.

Para las autoridades, esto es “percepción”, pero para cualquiera que sepa dos cheles estadística y conozca la famosa campana de Gauss, sabe que cuando los casos extremos empiezan a “salirse de la normalidad”, la distribución deja de ser uniforme y hay motivos para revisar causales.

Una simple campana de Gauss

Una simple campana de Gauss

Es cierto que la mayoría de los crímenes suceden en “barrios calientes” (en la campana de ejemplo, el 68% de los casos), pero con todo y eso la cantidad de atracos en sectores “en lo claro” hace mucho tiempo que dejó de ser algo poco común para convertirse en “un asunto de diario” (los márgenes a ambos lados de la campana).

¿Hace falta un científico nuclear para entender que ello se debe a la ineficacia de las autoridades para mantener bajo control a los delincuentes? Y con “autoridades” me refiero a mucho más que solamente la Policía Nacional, ya que por mucho que ellos detengan malhechores (que no se caracterizan por ello, sin dudas) no me extrañaría que los pocos que detienen tengan un grupo de Whatsapp con los fiscales y alguaciles donde se anuncian “loco, me agarraron en Gascue, ve pidiéndome un frikitaki que voy para Ciudad Nueva en 10”. El Código Procesal Penal, y las autoridades encargadas de ejercerlo, solo le pasan la mano a los delincuentes y les dicen con tono condescendiente “men, pórtate bien, ombe, ¿quieres?”. Así no se va a avanzar.

Las otras Delcys

A nosotros, los clasemedia que tenemos Internet y redes sociales sin dudas Delcy nos suena cercana. De verdad que para mí es una persona que pudo estar en mi círculo de amigos, pero no lo era. Arriba mencioné la campana de Gauss y deliberadamente tipifiqué el caso de Delcy (y el de Kaisha Requena) como outliers que se hacen cada vez más frecuentes. Eso debería preocupar, pero no significa que los numerosos casos parecidos o hasta peores que suceden en esos “barrios calientes” (los que componen el grueso de la campana) no deban ser atendidos. De hecho, creo que la única manera de actuar correctamente contra la delincuencia es atacando el mal donde más está diseminado.

Como Delcy muchas otras personas pierden la vida en asaltos diariamente. No llegan a ser trending topic porque no son “de los nuestros” pero mierda… son vidas que también merecen ayuda, atención, protección y que las autoridades actúen de verdad. Con todo el respeto a la familia de Delcy, pero cuando una mujer es asesinada en Guajimía o La Ciénaga, también deja huérfanos y también le duele a alguien. Y en esos barrios esas cosas pasan por mucho menos que una cartera. Just Saying.

Y como si hiciera falta que mis palabras fueran confirmadas, menos de 24 horas después de la muerte de Delcy Yapor, otra mujer murió, fruto de un asalto por una cartera, en Villa Consuelo. ¿Cuántas Jaqueline de la Cruz más faltan para que realmente haya acción?

Esta Delcy

No conocí a Delcy Yapor, pero me duele su muerte como si hubiera sido una de mis amigas. Y conozco a muchas mujeres que podrían asemejarse a ella, muchas que pudieron haber muerto ayer en ese incidente. Mi madre, que con 75 años a cuestas aún se afana en cuidar a todos y estar pendiente de todos los detalles. Mi suegra, mujer de delicado trato y amor amplio y que, casualmente, vive a unos pasos de donde Delcy cayó abatida. Absolutamente todas mis tías, mis comadres, y prácticamente todas mis amigas, compañeras de trabajo o de estudios, mujeres que se fajan a levantar familia a pesar de todo, porque asumen la vida con esa entereza que no abunda tanto. Cualquiera de ellas pudo haber estado circulando en la Francisco Prats Ramírez a las 7 de la mañana y encontrar pendejamente su muerte.

Los familiares y amigos de esta mujer, protagonista inconsulta de una tragedia de muchas aristas, harían bien en mantener su memoria presente en sus vidas. Yo, desde mi distancia, lloro con ustedes la muerte y aplaudo la vida de Delcy Miguelina Yapor.

Al mediodía del martes, la familia de Delcy Yapor dio una de las más hondas muestras de coraje, benevolencia y perdón, al extender un abrazo a la familia del hombre que accidentalmente mató a la señora. “Ellos también sufren” dijeron y yo no encuentro manera de sentir más admiración por su acto. Llamaron a la reflexión a todo el país, y aunque eso es correcto (es parte de lo que motiva mi limonada), creo que el llamado debió ser firme con exigir a las autoridades que deben la condescendencia con la delincuencia.

Mi aprecio a esa familia.

8 Comments Lo que nos deja Delcy

  1. rdiazp

    Sin duda uno de los análisis más completos y balanceados sobre un caso que no dejó indiferente a nadie precisamente porque se sale de lo “normal”. Sabes que con el aumento de la delincuencia salen siempre los argumentos a favor de andar armado, y si bien tiene su lógica el planteamiento, el peligro de eso está justamente en situaciones como la de ayer. No todo el mundo tiene la capacidad de portar armas (a nivel psicológico y emocional) ni el conocimiento adecuado para dispararla de manera certera. Por eso EE.UU. al día de hoy tiene tremendo problema que cada vez lo que hace es empeorar.

    Pero entonces, hay un problema aún más grande: ¿qué hacemos con la delincuencia? No es justo que yo salga de mi casa a trabajar y que por culpa de un malnacido pierda la vida o quede ciega o paralítica. La gente a veces no lo piensa así, pero todo lo que hacemos tiene una consecuencia. Si todos pensáramos, fuera un éxito, pero esos delincuentes drogados, pobres, sin oportunidad (como dicen ellos) no se puede pretender que piensen de la manera normal, sobre todo porque aquí, tristemente, nada tiene consecuencias y quienes tienen que dar el ejemplo no lo dan.

    Este tema es muy complejo. Hay quienes dicen que la delincuencia poco a poco nos fuerza a no salir de nuestras casas, pero eso tampoco es justo o deseable. No se puede vivir como un eterno prisionero por culpa de gente que no piensa y que se agarra de su condición socio-económica para justificar actos despreciables. A veces pienso que el sistema capitalista centrado en consumismo tiene la culpa de estas cuestiones, o al menos conforma su base, agravando la situación cosas que ya son intrínsecas del país.

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  2. yeeme

    ¿Por una cartera?, ahí no estuve de acuerdo contigo. No creo que fue por una cartera. Tal vez no lo sabía el ex-raso y tampoco, quizás, le hubiera importado. Él vió (yo también casi tengo la certeza de eso) a dos seres de los que acostumbran a quitar la vida a otros alegremente y por cualquier disparate. Esos dos seres representan un peligro inminente todos los días para la sociedad. Tal vez no fue razonado de la misma forma que lo he hecho yo, quizás de forma instintiva, el ex-raso actuó ya no para recuperar la cartera, sino para librar a la sociedad de esas dos alimañas.

    Por demás, así como tú, somos muchos los que sin conocer a ninguno de esa familia, hemos sentido como si hubiera sido un familiar cercano.

    Dios les dé paz y bendiga esa familia.

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    1. Darío Martínez Batlle

      No dudo que las intenciones del exraso hayan sido buenas, de hecho, simpatizo con su actitud. Lo que lamento es que haya actuado sin considerar que queriendo “hacer un bien” podía hacer daño, y así tristemente sucedió. Una falta de buen juicio para saber si valía la pena hacer disparos. Atinar a un blanco en movimiento, y tan pequeño, no es nada fácil, nada fácil. 🙁

      La familia de Delcy aparentemente no presentará cargos contra el exraso. Ha extendido un perdón muy noble a Padilla y ha invitado a reflexionar sobre esta pérdida.

      Lo único que permanece como una incógnita es determinar qué fue de los asaltantes y si realmente la muerte de Delcy servirá para activar algún protocolo que realmente funcione para poner coto a estos casos que son tan abundantes. Anoche mismo, horas después de la muerte de Delcy, otra mujer murió en un atraco en Villa Consuelo. ¡Coño!

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  3. Aris

    Tengo miedo, mucho miedo… a estar en la calle, en mi casa, miedo cuando escucho un motor, cuando salgo a montarme en mi vehículo, cuando dejo mis niños en el colegio… sencillamente cuando respiro. Es una situación que tod@s tenemos en nuestro país. Que haremos? Ni idea. No hay dolientes, habrá muchas Delcys más, justo ayer hubo una muerte más, precisamente por una cartera. Huérfanos, viudos, madres destruidas.
    El miedo se ha convertido en el sentimiento más común en nuestro país. Y lo peor, sin esperanza de verlo desaparecer.

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    1. Darío Martínez Batlle

      Aris, te comprendo. Realmente estos casos provocan paranoia en la ciudadanía. Y nada garantiza que uno mismo andar armado “por protección” vaya a evitar una tragedia. Este caso demuestra que eso puede provocar otras!

      Lo que queda pendiente es la acción de las autoridades. Y eso… no parece que vaya a llegar.

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  4. Viviana Uz

    Wao, mis respetos, la verdad es un análisis agridulce, pero tus palabras no pueden ser mas certeras, yo también lloro a la señora Delcy y las y los demás que lamentablemente han sido victimas mortales (porque victimas somos todos) de la delincuencia, yo también estoy jarta de sentir miedo de caminar en mi bello Santo Domingo, confieso que soy del grupo de los que dejaron caer los brazos, esta maldita justicia de este país no sirve y pienso que nada ganamos con plantarnos y gritar cuatro verdades (con pruebas) porque nuestras voces no se escuchan, trato de ver las menos noticias posibles y al periódico ni las manos le pongo, que triste! pero es mi realidad y creo q la de muchos mas, te admiro y ojala esto, aunque no se arregle, por lo menos se enderece y tus artículos ya no tengan que ser tan tristes por la realidad que nos arropa, una cosa si tengo clara, si los padres, por mas pobres que seamos(porque todo se lo achacamos a la pobreza), le diéramos un poquito de seguimiento a nuestros hijos, vemos sus pasos, los tratamos de llevar por el buen camino, no aceptamos cosas cuando las llevan a la casa sin saber de donde salieron…tal vez y solo tal vez, las cosas fueran diferente, estos muchachitos se quieren llevar al mundo por delante y con ello vidas valiosas, sueños, planes…y tantas otras cosas mas, que impotencia!

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    1. Darío Martínez Batlle

      ¡Cuánta razón tienes y cuánto me identifico con tus palabras, especialmente en la parte final de tu comentario cuando echas bastante responsabilidad de la conducta de los “jóvenes delincuentes” en sus padres. Yo he escrito de ese mismo tema al menos dos veces. “La maldita madre de Gilbert” y “Peores que Herodes”.

      http://www.40limon.es/2013/02/la-maldita-madre-de-gilbert/

      http://www.40limon.es/2012/09/peores-que-herodes/

      Demasiado de acuerdo contigo, Viviana! Gracias por comentar.

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