Sexo

Envuelto en su lujuria existencial, se acercaba a ella, que lo esperaba siempre tan serena y callada. Con su porte de Dios omnipresente la rodeaba; sus ojos, azules como el infinito profundo, alcanzaban a ver hasta la esquina más redonda de su cuerpo, y aunque conocía desde años proverbiales hasta sus más secretas grutas, no… Continue reading

Hoy

Te confieso que tengo miedo. No pude prepararme correctamente para hacer frente a los temores que me asaltan. Me habían contado que al verte por primera vez, me sentiría lleno de incertidumbres, y yo procuré estar listo… Pero ahora te veo ante mí y me convenzo de que nada podría haberme anticipado esta sensación. Hoy me doy cuenta de que tu individualidad comienza con mi incapacidad de prever la diversidad de emociones que me provocas.

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El Embajador del Mar

En algún momento de mi vida, ocurrió un episodio mágico, del cual no podría describir mis emociones, pero que me cautivó para siempre. Mientras miraba la televisión, apareció una escena marítima que jamás había imaginado. Había un buzo sin protección rodeado de varios tiburones blancos de gran tamaño. Asombrado, me detuve a contemplar la escena, y debo confesar que jamás la he dejado de observar. Jacques Yves Cousteau había ganado un tele-buzo más.

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Los Bulletin Board Systems dominicanos

es bueno que se sepa que la Internet no fue el primer hogar cibernético de muchos de nosotros. En nuestro país, desde hace cerca de diez años, un grupo de personas conoce de cerca una forma de comunicación vía módem tan rica y versátil como la mensajería de correo electrónico que conocemos en Internet, con capacidades de transferencia de archivos semejantes a las de cualquier servidor de FTP, y con canales de conversación en tiempo real que nada le envidian al IRC. Estoy hablando de los Bulletin Board Systems (BBS).

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La Copa de la Inocencia

El pueblo no tiene muchas esperanzas de que los Palmas Meccía serán inculpados. Mucho menos que recibirán algún castigo. La gente sabe, además, que ellos no actuaron por cuenta propia. Hay otros implicados, los cuales con seguridad residen entre nosotros todavía. Nadie hace nada por delatarlos. Nadie hará nada. Hacen falta mucho más de 34 puñaladas en el corazón de la Inocencia Dominicana para que se juzgue la maldad. Mientras tanto, tus hijos y los míos, y nuestros profesores (¿mencionaste a Narcisazo?), y nuestros periodistas (¿que Orlando qué?), y nuestros dirigentes estudiantiles (¿dijiste Amín Abel?), y toda la sociedad, continúa insegura, ante la saña de los asesinos.

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La Rosa Herida

A medida que me acercaba, sentía que las tenebrosas voces se hacían más fuertes y penetrantes. “¡Hipócrita! Eres un miserable y sólo deseas tranquilizarte. En realidad no te importa la niña, sino poder dormir”. En pocos minutos alcancé la esquina nuevamente. Estaba sudando frías gotas de angustia. Como me imaginaba, la niña no estaba ya en la acera. Crucé la intersección lentamente, mirando hacia todas partes, procurando escudriñar todos los rincones del Supermercado Nacional. Me sentí un poco aliviado. “Al menos ya se marchó”, pensé tratando de gratificarme y así acallar los demonios que me perseguían. Impulsado por mis reflejos, rodeé el Centro Comercial Nacional y bajé por la Avenida México, justo detrás del tarantín donde las señoras preparan los ramos de las flores. “Tampoco está aquí; definitivamente se marchó”, me dije, aliviado.

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