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	<title>40 Limones &#187; trabajo</title>
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		<title>Los 82 de Donda</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jan 2010 16:42:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darío</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mi opinión]]></category>
		<category><![CDATA[abuelos]]></category>
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		<category><![CDATA[infancia]]></category>
		<category><![CDATA[La Vega]]></category>
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		<category><![CDATA[trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi padre hoy cumple 82 años. Lo que ha vivido mi viejo, la verdad es que no lo sabré nunca. Quienes conocen a mi padre saben que él es un incansable parlanchín, pero rara vez hablará sobre sí mismo en primera persona. Si acaso, lo hará para señalar cómo "el ladronazo de fulano de tal me engañó". Y sin embargo, en medio de su silencio autoimpuesto sobre su propia historia, lo adivino orgulloso de haber llegado donde llegó viniendo de donde vino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El diez de enero de 1928 en algún paraje hoy seguramente urbanizado de La Vega, doña Josefa Andújar dio a luz al que sería su último hijo. El padre, José Ramón Martínez, elegante como si fuera de la alta alcurnia y recto como si perteneciera a la Guardia, apenas sonrió con media sonrisa y se sintió aliviado de que las parteras hubieran terminado su trabajo y todos estuvieran bien.</p>
<p>A veces pienso en cómo nació mi padre, Darío Martínez Andújar, hace hoy 82 años. Trato de imaginar su infancia, sus primeros años. ¿Qué jugaba, qué hacía, cómo era su vida? Es siempre un ejercicio complicado, porque carezco de todos los detalles, y ni siquiera mi propio viejo los recuerda. Mi padre es un anciano extraño. Es una Wikipedia ambulante con datos sumamente pormenorizados acerca de casi cualquier persona que haya cruzado en su vida o haya tenido alguna trascendencia. Sin embargo, habla muy poco sobre sí mismo, sobre sus orígenes, sobre su historia. Quizás deba reformular mi frase: &#8220;mi propio viejo no quiere recordar los detalles de su infancia&#8221;.</p>
<p>Sé que fueron años difíciles, pero qué tanto, eso no lo sé. Imagino que para un niño nacido en los albores de la tiranía del Sátrapa, no ha de haber sido nada fácil criarse. Penurias, escaseces, sacrificios&#8230; creo que esas eran cosas comunes para mi padre en sus primeros años, aunque él no quiera contarlas.</p>
<p>Mi abuelo José Ramón murió hace alrededor de cincuenta años. Nunca lo conocí. Salvo alguna ráfaga de memoria que un día mi padre cuente, jamás supe nada sobre él. Apenas tengo una fotografía, curtida de años y preñada de recuerdos prisioneros, que muestra a quien en su juventud debió ser todo un galán. Mi abuelo.</p>
<p>De mi abuela Josefa no tengo fotos que no sean de ella ya una anciana. Adivino muchos rasgos faciales de mi abuela que pasaron a mi viejo, no así con mi abuelo.</p>
<p>La infancia de mi padre está contenida en una sola fotografía, también cuarteada y amarillenta donde se ve un niño de algunos siete u ocho años posando junto a un cerdo de proporciones inmensas. El niño aparenta ser rubio, y ese es el rasgo que vez tras vez mi padre resalta. &#8220;¿Yo? Yo era un rubito buenmozo&#8221; suele decir casi suplicándonos que le creamos. Y yo le creo porque también yo fui rubio, por supuesto.</p>
<p>Mi viejo no habla de su propia historia. Nunca ha querido contar nada más allá de lo que dice de su vieja foto. Mi madre me ha contado que él vino a Santo Domingo siendo aún adolescente y vivió en una pensión en la calle Mercedes. Trabajó y fue a la Universidad (entonces no era Autónoma) de Santo Domingo donde se recibió de doctor en farmacia, creo que en 1951.</p>
<p>Luego de ahí, los detalles son más frecuentes. Su farmacia, las jeringuillas Monoject, los productos de Jansen Farmacéutica, y hasta su propio producto, un tónico reconstituyente llamado Fersón (mucho mejor que el famoso Forty-Malt). Y así llegó Damarco, la prosperidad y las dificultades.</p>
<p>Mi padre hoy cumple 82 años. Lo que ha vivido mi viejo, la verdad es que no lo sabré nunca. Quienes conocen a mi padre saben que él es un incansable parlanchín, pero rara vez hablará sobre sí mismo en primera persona. Si acaso, lo hará para señalar cómo &#8220;el ladronazo de fulano de tal me engañó&#8243;. Y sin embargo, en medio de su silencio autoimpuesto sobre su propia historia, lo adivino orgulloso de haber llegado donde llegó viniendo de donde vino.</p>
<p>Tengo mucho qué agradecerle, sin duda alguna. ¡Felicidades, viejo!</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-901" title="donda-82" src="http://40limon.es/wp-content/uploads/2010/01/donda-82.jpg" alt="donda-82" width="450" height="668" /></p>
<p><img id="myFxSearchImg" style="border: medium none; position: absolute; z-index: 2147483647; opacity: 0.6; display: none;" src="data:image/png;base64,iVBORw0KGgoAAAANSUhEUgAAABgAAAAYCAYAAADgdz34AAADsElEQVR4nK2VTW9VVRSGn33OPgWpYLARbKWhQlCHTogoSkjEkQwclEQcNJEwlfgD/AM6NBo1xjhx5LyJ0cYEDHGkJqhtBGKUpm3SFii3vb2956wPB/t+9raEgSs52fuus89613rftdcNH8/c9q9++oe/Vzb5P+3McyNcfm2CcPj9af9w6gwjTwzvethx3Bx3x8xwd1wNM8dMcTNUHTfFLPnX6nVmZpeIYwf3cWD/PhbrvlPkblAzVFurKS6GmmGqqComaS+qmBoTI0Ncu3mXuGvWnrJ+ZSxweDgnkHf8ndVTdbiT3M7cQp2Z31dRTecHAfqydp4ejhwazh6Zezfnu98E1WIQwB3crEuJ2Y45PBTAQUVR9X4At66AppoEVO1Q8sgAOKJJjw6Am6OquDmvHskZ3R87gW+vlHz98zpmiqphkkRVbQtsfPTOC30lJKFbFTgp83bWh7Zx/uX1B6w3hI3NkkZTqEpBRDBRzG2AQHcwcYwEkOGkTERREbLQ/8HxJwuW7zdYrzfZ2iopy4qqEspKaDYravVm33k1R91Q69FA1VBRzFIVvXbx5AgXT44A8MWP81yfu0utIR2aVK3vfCnGrcUNxp8a7gKYKiLCvY2SUvo/aNtnM3e49ucK9S3p0aDdaT0UAVsKi2tVi6IWwNL9JvdqTdihaz79/l+u/rHMxmaJVMLkS2OoKKLWacdeE3IsSxctc2D5Qcl6vUlVVgNt+fkPPcFFmTw1xruvT7SCd7nuVhDQvECzJH90h0azRKoKFRkAmP5lKTWAGRdefoZL554FQNUxB92WvYeA5UN4PtSqwB2phKqsqMpBgAunRhFR3j49zuU3jnX8k6fHEQKXzh1jbmGDuYU6s4t1rt6socUeLLZHhYO2AHSHmzt19ihTZ48O8Hzl/AmunD/BjTvrvPfNX3hWsNpwJCvwYm+ngug4UilSCSq6k8YPtxDwfA+WRawIWFbgscDiULcCEaWqBFOlrLazurupOSHLqGnEKJAY8TwBEHumqUirAjNm52vEPPRV4p01XXMPAQhUBjcWm9QZwijwokgAeYHlHYA06KR1cT6ZvoV56pDUJQEjw0KeaMgj1hPEY4vz2A4eW0/e1qA7KtQdsxTYAG0H3iG4xyK1Y+xm7XmEPOJZDiENzLi2WZHngeOjj2Pe+sMg4GRYyLAsx7ME4FnsyTD9pr0PEc8zPGRAwKXBkYOPEd96cZRvf11g9MDe7e3R4Z4Q+vyEnn3P4t0XzK/W+ODN5/kPfRLewAJVEQ0AAAAASUVORK5CYII%3D" alt="" width="24" height="24" /></p>
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		<title>Morir a los 35</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Aug 2009 17:34:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darío</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mi opinión]]></category>
		<category><![CDATA[desempleo]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[discriminación]]></category>
		<category><![CDATA[ofertas]]></category>
		<category><![CDATA[oportunidades]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[En nuestro país se penaliza la experiencia. Se le pasa factura al bagaje laboral que vamos acumulando en nuestro tránsito por las nóminas. La edad maldita no son los 13 años como nos hacían temer cuando niños por aquello del número del fukú. No, la edad maldita son los 35 años, la edad en la que ya no sirves, en la que sales muy caro, en la que no tienes energía para mantener el paso con la horda de carajitos que trabajan para esa empresa.

Por supuesto, no todos estamos pasándola igual de mal. Hace poco analizaba que yo me gradué de informática en 1993, hace ya dieciséis años. Cualquiera pensaría que nomás por eso mis ideas y opiniones deberían ser consideradas como "expertas" pues tengo muchos años en esto, viendo cómo avanza el mundo digital. Sin embargo, luego de enviar mi CV por vez sesenta (tengo una hoja en Excel con el detalle de todas las ofertas que he atendido, y voy por 83), empecé a sospechar que los empleadores en realidad me ven ¡con 16 años de obsolescencia! Si yo hubiera estudiado medicina o derecho, entonces mis 16 años sí serían de experiencia, de ejercicio de la profesión, y quizás en ese sentido me habría ido menos mal.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_597" class="wp-caption alignright" style="width: 250px"><a href="http://40limones.com/wp-content/uploads/2009/08/oldman-vangogh.jpg"><img class="size-medium wp-image-597" title="Viejo, de Van Gogh" src="http://40limones.com/wp-content/uploads/2009/08/oldman-vangogh-240x300.jpg" alt="Viejo, de Van Gogh" width="240" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">El Viejo de Van Gogh</p></div>
<p>En mi terriblemente pésima memoria reside el nebuloso recuerdo de una película que vi en mi niñez. No sé su nombre, ni el de los actores que en ella aparecían. Tampoco recuerdo nada de la trama, excepto que se trataba de una especie de tribu o secta en la cual todas las personas debían morir al cumplir 33 años, porque nadie podía vivir más que lo que vivió Jesucristo.</p>
<p>Pero aunque no logre recordar cómo se llamaba aquella oscura película, tengo la impresión de que en nuestro país ocurre algo muy parecido con la situación laboral. Yo tengo ya siete meses sin empleo formal, haciendo &#8220;picoteos&#8221; por acá y por allá, y a la vez buscando todos los días un trabajo en los periódicos, en los portales de ofertas laborales y en conversaciones con amigos a los que les tengo suficiente confianza como para explicarles mi condición.</p>
<p>¿Cuál es el problema? Pues lo que sucede en nuestro pintoresco país es que inmediatamente luego de los 35 años las oportunidades laborales desaparecen por arte de magia. ¡Haga la prueba! Tome cualquier periódico y dedíquese a escudriñar la sección de empleos y podrá constatar que todos (casi sin excepción) los puestos laborales de nivel medio hacia arriba exigen que los candidatos tengan menos de 35 años de edad.</p>
<p>No sé quién fue el genio que le puso fecha de vencimiento a la utilidad laboral, de manera que el trabajo que hace una persona de 30 años no lo puede hacer alguien que tenga 38. Alguien me argumentó (y me resisto a creerlo) que esa edad tope &#8220;define&#8221; las responsabilidades de las personas. En otras palabras, que la mayoría de las personas de 35 o más años tienen demasiadas responsabilidades familiares (hijos, hogar, bienes muebles e inmuebles), en contraposición con los menores de esa edad, que tienen mayor incidencia de individuos solteros, sin hijos, sin hogar propio. Según esa línea de pensamiento, una persona de 35 años sale &#8220;más riesgosa&#8221; de contratar porque tiene demasiadas &#8220;distracciones&#8221; que le van a impedir entregarse en cuerpo y alma a un trabajo. &#8230;wow, ¡casi puedo ver la mueca de incredulidad en su cara al leer esto!</p>
<p>Alguien más, que labora en reclutamiento de personal en una empresa telefónica, me explicó que las personas de más de 35 años tienen una &#8220;polaridad&#8221; costosa. Casi todos tienen más de 15 años de experiencia laboral, y exigen salarios más altos a cambio del mismo trabajo que un jovencito hará por la mitad del precio. Y por otro lado, las personas de más de 35 años pueden haber acumulado ya demasiadas &#8220;mañas&#8221;, ser más difíciles de moldear, de adaptarse o de encajar en modelos de trabajo específicos.</p>
<p>El punto es que si no tienes un buen empleo seguro y firme antes de los 35 años, estás fregado. Conseguir cualquier trabajo teniendo más edad de la fecha de vencimiento te conduce a un callejón sin salida: De un lado, aparecerán muy pocos puestos de trabajo adecuados. De otro lado, los que aparezcan van a ofrecer beneficios muy inferiores a lo que merece tu experiencia.</p>
<p>Sí, así es. En nuestro país se penaliza la experiencia. Se le pasa factura al bagaje laboral que vamos acumulando en nuestro tránsito por las nóminas. La edad maldita no son los 13 años como nos hacían temer cuando niños por aquello del número del fukú. No, la edad maldita son los 35 años, la edad en la que ya no sirves, en la que sales muy caro, en la que no tienes energía para mantener el paso con la horda de carajitos que trabajan para esa empresa.</p>
<p>Por supuesto, no todos estamos pasándola igual de mal. Hace poco analizaba que yo me gradué de Ingeniero en Sistemas de Computación en 1993, hace ya dieciséis años. Cualquiera pensaría que nomás por eso mis ideas y opiniones deberían ser consideradas como &#8220;expertas&#8221; pues tengo muchos años en esto, viendo cómo avanza el mundo digital. Sin embargo, luego de enviar mi CV por vez sesenta (tengo una hoja en Excel con el detalle de todas las ofertas que he atendido, y voy por 83), empecé a sospechar que los empleadores en realidad me ven ¡con 16 años de obsolescencia! Si yo hubiera estudiado medicina o derecho, entonces mis 16 años sí serían de experiencia, de ejercicio de la profesión, y quizás en ese sentido me habría ido menos mal.</p>
<p>El camino del &#8220;self-employment&#8221; es uno que conozco bastante bien. Es bonito recorrerlo porque se siente agradable saberse dueño de las variables que los empleados no controlan; pero a la vez, es un camino lleno de aridez y hostilidad, debido a la precariedad de los proyectos, y (cómo no mencionarlo) lo eficientes que resultan los esfuerzos del gobierno para que sea complicado trabajar al amparo de las leyes. No desmayo y me esfuerzo en echar adelante mis proyectos, pero tristemente todos ellos ameritan un refuerzo financiero que no poseo en estos momentos.</p>
<p>¿Por qué demonios las empresas se resisten a contratar personas de más de 35 años? ¿Por qué se nos niega el derecho a ser productivos en cosas para las que estamos plenamente capacitados? ¿Por qué nadie cree ya en nosotros, los &#8220;ancianos del 35+&#8221;?</p>
<p>Ya me parece suficientemente denigrante y discriminatorio que las empresas exijan fotografía en los CV, con lo cual inmediatamente hacen un sesgo por &#8220;carita&#8221;. ¿Es a modelar que vamos? Más problemático resulta entonces que también tengamos que vérnoslas con gente que considera &#8220;inservibles&#8221; a los que tenemos más de 35 años de edad.</p>
<p>Los tiempos de crisis son interesantes, porque estimulan la creatividad, pero también acentúan las injusticias y las desigualdades. Por eso, sinceramente, estoy jarto de enviar CV&#8217;s a empresas que ni siquiera tienen la cortesía de acusar recibo, cuando menos para permitirme soñar que se dieron cuenta de que existo.</p>
<p>Al final, parece que sí me han suicidado como en la película que aún no recuerdo. Lo malo es que no me di cuenta, y permanezco queriendo estar vivo.</p>
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		<title>Ser padre</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2009 04:20:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darío</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vielka]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
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		<category><![CDATA[orgullo]]></category>
		<category><![CDATA[padre]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>

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		<description><![CDATA[La paternidad no tiene NADA que ver con embarazar una hembra de tu especie. Eso se llama reproducción, y hasta los jiedevivos lo saben hacer.
La paternidad va mucho más allá de una cópula fructífera. Eso es lo menos importante, aunque para muchos ello sea lo único que puedan contar.
La paternidad se trata de actitudes, de ejemplos, valores y amor. Se trata, de ofrecer al hijo las herramientas para ser mejor que tú mismo.
La paternidad no se trata de comida, ni ropa, ni viajes, ni lujos caros. La paternidad se trata de calidad de tiempo, así sea en una cuneta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_572" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a style="text-decoration: none;" href="http://40limones.com/wp-content/uploads/2009/07/vielka_y_yo.jpg"><img class="size-full wp-image-572 " title="Vielkita y yo" src="http://40limones.com/wp-content/uploads/2009/07/vielka_y_yo.jpg" alt="Tu sonrisa es cascada de alegría, tu dicha es plenitud de mi existencia; eres tú la mejor de mis poesías, el más hermoso reflejo de mi esencia." width="600" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Vielkita y yo, 2003</p></div>
<p>Yo no suelo ser muy entusiasta con el tema del Día de los Padres que en la República Dominicana se celebra el último domingo de julio (es decir, en el día hoy en este 2009, aunque ya casi moribundo). Usualmente, yo he sido más receptivo a la fecha de cumpleaños que al Día de los Padres. Sin embargo, este ha sido un año algo &#8220;virao&#8221; para mí.</p>
<p>De alguna manera, el Día de los Padres cobró una importancia especial para mí en este año, muy probablemente buscando compensar el pasado reciente. Yo, que en la vida he sido una buena cantidad de cosas (incluyendo chofer de carro público, taxista y empacador de supermercados), nunca me he sentido más autocrítico con mi labor que como con el &#8220;oficio&#8221; de padre. Siempre que llega este día, detrás de mis sonrisas y felicitaciones a mis &#8220;colegas&#8221; padres, me cuestiono. Me critico. Me autoflagelo. Es una costumbre rara, pero entiendo que necesaria, en donde me pongo a evaluar mi papel de padre de Vielka y me voy analizando punto por punto buscando fallas y tratando de redondear el año para compararlo con lo que he avanzado, y sobre todo, contra los cánones de paternidad a los que me he aferrado.</p>
<p>Adoro mi trabajo como padre de Vielka. Ella todavía  no tiene idea de lo mucho que disfruto tenerla cerca, ni sabe cómo atesoro el olor de sus cabellos, su risa cuando se derrama en carcajada, y esas señales cada vez más marcadas de que tengo una hija con una personalidad bien &#8220;Martínez&#8221; en montones de cosas.</p>
<p>En mi condición de padre divorciado, sufro indescriptibles tristezas cuando me doy cuenta de que por más que quiera, comparto muy poco con mi hija, a pesar de que la veo todos los días, a pesar de que salimos con frecuencia al cine, al parque, a la piscina, o simplemente al parqueo de mi edificio a jugar un poco de pelota. Y es que desde el momento mismo en que mi Vielka se va de mi casa con su madre, se me va lo más preciado y precioso que yo tengo, y tengo que esperar al día siguiente para volver a verla. Y eso, que yo tengo la dicha de verla mucho más que la mayoría de los padres divorciados&#8230; pero nunca será suficiente.</p>
<p>Recuerdo claramente la primera vez que cargué a mi hija en brazos. Estaba vuelto un manojo de nervios mientras examinaba su cuerpecito y me acostumbraba a los gritos que emitía&#8230; pero cuando le hablé hizo silencio y empezó a buscar mi voz para saber de dónde venía. No encuentro manera de describir la emoción que me produjo sentir que ella me buscaba, y aunque quizás ella hacía lo mismo con cualquier voz que escuchara, a mí siempre me ha parecido que aquél instante fue la presentación oficial de nuestras vidas.</p>
<p>A su lado me siento tremendamente completo y dichoso. Una dicha que no puede explicarse sino sólo con la vivencia propia. Esta mañana escribí algunos pensamientos sobre la paternidad, y me parece que es ideal compartirlos acá.</p>
<blockquote>
<ul>
<li>La paternidad no tiene NADA que ver con embarazar una hembra de tu especie. Eso se llama reproducción, y hasta los peores insectos del mundo lo saben hacer.</li>
<li>La paternidad va mucho más allá de una cópula fructífera. Eso es lo menos importante, aunque para muchos ello sea lo único que puedan contar.</li>
<li>La paternidad se trata de actitudes, de ejemplos, valores y amor. Se trata, de ofrecer al hijo las herramientas para ser mejor que tú mismo.</li>
<li>La paternidad no se trata de comida, ni ropa, ni viajes, ni lujos caros. La paternidad se trata de calidad de tiempo, así sea en una cuneta.</li>
</ul>
</blockquote>
<p>La paternidad, sin duda alguna, es la más hermosa de las profesiones. ¡Dios te bendiga, mi niña hermosa! Doy gracias a Dios porque eres mi primera hija, porque soy padre gracias a ti.</p>
]]></content:encoded>
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