Un regalo para Marta Quéliz

Probablemente ya ustedes saben que a un periodista (especialmente si es del Listín Diario) no se le puede regalar cualquier pendejada en Navidad. Que hay que regalar “respetando” el trabajo que ellos hacen, por lo que los obsequios que quieran hacerle a estos desinteresados y probos profesionales debe estar acorde a su altísima alcurnia. Que es mal visto, que es una verdadera falta de respeto regalarle chucherías promocionales e improvisadas canastas de último minuto a tan encumbrados y distinguidos ciudadanos.

Tenga usted cuidado, carajo. No se le ocurra pensar que los periodistas del Listín se conforman con una sombrilla con su logotipo. Tampoco cometa la bajeza de enviarles una agenda de su empresa, pues eso, como cualquier otra levedad que tan desconsideradamente usted procure obsequiarles será despreciada, evadida y probablemente lanzada a un grandísimo zafacón que —imagino— colocan al lado del árbol de Navidad.

¡Ubíquese, por amor al moro de guandules! ¡No podemos progresar con gente tan chipichapi como usted!

Marta Quéliz ha tenido que asumir el rol de portavoz de toda una clase que está hastiada de disparaticos. Es valiente esta mujer, capaz de acusar sin tapujos esa falta de tacto y ausencia de criterio que tienen personas como usted, que no saben valorar y justipreciar la inequiparable y altruista labor de estos hombres y mujeres que, según las palabras de la propia vocera del gremio, no trabajan para recibir regalo alguno. Aunque protesten, como ella lo ha hecho.

No sea mangrino, abra la cartera y regale con esplendidez que aunque a estos periodistas no piden regalos caros, no se les puede salir a fin de año con las mismas porquerías de siempre. Y no sea selectivo que la protesta enarbolada por la Quéliz asume una multitud, ya que ella audazmente habla a nombre de “muchos otros periodistas”.

En nombre de Marta, esa prócer del respeto y del buen gusto, le ruego, casi le exijo que mande a buscar todas las baratijas que le envió el mes pasado y que en su lugar, aunque sea con la excusa de la Vieja Belén, honre a todos estos profesionales con regalos de verdad. Ellos no trabajan para eso, recuerde, pero no se puede ser tan cutre como usted ha sido. ¡Respete, cojollo, que esa profesión es más noble que cualquier otra! ¡Regálele sus chucherías a otros profesionales, pero jamás a Sor Marta Quéliz!

A caballo regalado...(imagen sacada de Ojarbol.wordpress)
A caballo regalado…(imagen sacada de Ojarbol.wordpress)

Por cierto, ¿alguien me puede explicar el refranucho ese de que “a caballo regalado no se le mira el colmillo”? Parece algo desfasado y pasado de moda, según Marta me ha enseñado.

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Darío Martínez Batlle

Hijo de Mamimba y Donda. Padre de Vielka e Isabella. Chofer de Sarah. Aguiluchísimo. StatsWizard at Lowe Interamérica.

13 thoughts on “Un regalo para Marta Quéliz”

  1. No todos los periodistas somos como Martha, cada quien que hable por sí mismo. ¡A mí que no me meta en su saco!

  2. Qué tremendo eres Darío…Me encantó tu irónico regalo. Tu escrito me llevó al de Marta, a quien habrás ayudado a subir el “rating de lectura”. ¡Cuánta gente malagradecida Dios mío!

  3. Nada que me asombre. Los periodistas deben ser los únicos profesionales que en su mayoría actúan como si la sociedad y el mundo estuviera en deuda con ellos. Y así mismito lo refleja el artículo de Martha Quéliz.

    Lo que no entiendo es, cómo puede alguien expresarse así y a la vez, creerse un profesional digno de respeto y sentirse merecedor de una retribución especial por cumplir con su trabajo tal cual lo hacemos los demás profesionales cada día, pero con peores condiciones laborales y salariales, y sin recibir halagos ni regalitos.

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