Hoy sonríe la sangre de Sabra y Shatila

Para muchos, estos nombres son desconocidos. Para otros quizás parezcan nombres graciosos, ideales para un par de perritos poodle. Pero para los que tenemos más edad, esos nombres son sinónimos de horror, de estupor ante una de las masacres más cruentas de finales del siglo pasado. Sabra y Shatila fueron dos lugares sometidos a un infierno de ataques militares entre rebeldes palestinos y militares libaneses, así como otras facciones en conflicto en el Líbano.

Una de las fuerzas presentes en ese conflictivo país era Israel. Las tropas israelíes, armadas hasta el tuétano por los Estados Unidos y con clara ventaja en táctica y armamento avanzado, “custodiaba” diversas áreas dizque para evitar líos. En la tarde del 16 de septiembre de 1982 y por espacio de 38 horas, una falange de “libaneses cristianos” rodeó la vecindad de Sabra y el campo de refugiados de Shatila que quedaba al lado. En ese escenario no se habría disparado ni un garbanzo navideño sin el conocimiento y la aprobación de la milicia israelí que estaba presente. No obstante, ocurrió una masacre brutal que cobró la vida de cientos de palestinos desarmados (se estima no menos de 1700, incluyendo mujeres y niños).

Cuerpos sin vida en Sabra y Shatila

Cuerpos sin vida en Sabra y Shatila. Imagen de The Independent

La investigación demostró que el Ministro de Defensa de Israel estaba al tanto y permitió que la falange avanzara y ejecutara ese sinsentido. El Ministro de Defensa israelí en cuestión era nada más y nada menos que Ariel Sharon, personaje que (felizmente, y me perdonan la alegría) ya no respira el mismo aire de los deudos de Sabra y Shatila, pues falleció hace unas horas.

¿Por qué la masacre de Sabra y Shatila pasó sin mucho ruido? Porque Israel, desde siempre, ha sido el país más lindo para los Estados Unidos, quienes llevan décadas controlando los medios. Sabra y Shatila fue un crimen de guerra minimizado por la complicidad entre Israel y su papito lindo los Estados Unidos. Sin embargo, las investigaciones posteriores revelaron el papel pasivo-activo de Ariel Sharon y las tropas israelíes en la consumación de un acto bochornoso y jamás justamente resarcido. Sabra y Shatila, 32 años después del horror, aún permanecen en un olvido del que solo algunos la salvan.

Hoy Ariel Sharon ha muerto y de inmediato lo llaman “un gran hombre” y “un guerrero tenaz”. Que su memoria vivirá por siempre en el corazón de Israel. Para mí, desde mi pequeño espacio en el mundo, Ariel Sharon me parece nada menos que un cobarde, un hipócrita y sobre todo, como canta JLS en este video que compartió Alexéi Tellerías, una bestia.

Hoy, día feliz para Palestina y para los pueblos pacíficos del mundo (entre los cuales, por supuesto, Estados Unidos e Israel no figuran), recuerdo a las víctimas de Sabra y Shatila con la canción que, en mi juventud, me sembró la semilla de la curiosidad por saber lo ocurrido. En la voz prístina y poderosa de Alberto Cortez, “Sabra y Shatila”.

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