De mapas, extravíos y otras nostalgias

La Revista GeoMundo

La Revista GeoMundo

No puedo recordar la primera vez que me quedé ensimismado viendo un mapa, pero estoy seguro de que fue en los primeros años de mi niñez. Me hice aficionado a GeoMundo y buscaba la bandera de cada país y su ubicación geográfica en la “Wikipedia” de mis días, el Pequeño Larousse Ilustrado. Cuando no, me auxiliaba de la Quillet o la enorme Enciclopedia Espasa, que era sin dudas, lo más montro de los muñequitos. En todas ellas de inmediato los mapas y los diagramas me cautivaron. Casi me sentía un Marco Polo capaz de llegar a cualquier lugar usando solo mi (entonces excelente) memoria.

En casa de mi inolvidable tío Lope había un globo terráqueo que terminó siendo objeto de culto pues me permitió “dimensionar” el mundo plano de los mapas en una esfera que ubicaba todo “como debía ser”. Fue así que por fin entendí por qué Groenlandia lucía inmensa pero no lo es tanto. Ese globo terráqueo (junto con unas alcancías verdes en forma de maracas que mi memoria insiste en recordar a la par) fue uno de mis juguetes favoritos por mucho tiempo.

Por esa misma afición a los mapas no es raro que mi materia escolar favorita siempre fuera la geografía. Llegué a aprenderme los nombres de todos los países del mundo con sus capitales (ok, admito que en mi infancia había mucho menos países, pero aún así la cosa era meritoria). Podía identificar docenas de naciones solo viendo su silueta, sabía ubicar puntos geográficos de interés en un montón de lugares. En mi niñez, la geografía era una de las puertas por las que mi imaginación se perdía pensando en lugares fantásticos. Ah, ya nada de eso tiene sentido para un chamaquito de hoy día.

Siempre tendré tiempo para zambullirme en la nostalgia cuando recuerde el Cantinflas Show que me llevaba a pasear por el mundo en un viaje de historia y geografía que no tenía igual. Pero hoy… ¡Tantas cosas han cambiado! Cualquiera tiene en su mano más poder del que necesita para enterarse de cualquier cosa.

Waze usa tu GPS y mapas dinámicos con un toque social que hace manejar un juego

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Por ejemplo, Waze. Esta popular aplicación, excelente ejemplo de gamification aplicado a la geolocalización, ayuda a miles de usuarios a evadir tapones, encontrar atajos, ubicar los AMET para que no fuñan y, en resumen, hacer que la ciudad sea un poco menos caótica para los “wazers”.

Y ahora viene la anécdota

Ayer quedé con Gustavo Villavizar de pasar a recogerlo para ir juntos al encuentro que tenía Gaby Castellanos en Cinema Café. El único problema es que Gustavo y su esposa Atileirys viven … bueno, no diré que viven en “caserco”, pero para que tengan una idea, hay que marcar con el 1 para llamarlo a la casa.

Se me ocurrió pedirle a Aty que me enviara la dirección por Waze y el programa me guiaría hasta ellos. Yo he hecho eso ya montón de veces y nunca había tenido problemas, por lo que no sospechaba a lo que me exponía.

Waze empezó bien. Me indicó cómo salir a la Autopista Duarte, dónde girar, qué atajos tomar. Todo guiado por la voz españolizada del asistente. Instrucciones oportunas y precisas siempre. Pero en una, la (azarosa) voz dijo “Gire a la derecha y de inmediato gire a la derecha” (o sea, un giro en U).

Ahí empezó el calvario. Como no estaba viendo la pantalla, yo hice mi giro y seguí avanzando. Se acabó la cuneta y poco después escaseó el asfalto hasta desaparecer. Miré de reojo la pantalla de Waze y vi que estaba en la ruta indicada por lo que pensé que sería un momentáneo trecho dañado. Rato después la calle estaba llena de hendiduras producidas por chorros de agua que bajaron colina abajo en algún aguacero previo. Un chivo me puso más chivo de lo que ya estaba y me detuve.

El mapa indicaba que estaba a pocos metros de mi destino y marcaba como calle el camino vecinal donde estaba. Decidí avanzar un poco más y la voz dijo “Gire a la derecha”. Lo que no me dijo es a qué hora llegaría el helicóptero para poder brincar.

"Gire a la derecha"...

“Gire a la derecha”…

Al final deshice el trecho andado y volví a la esquina del giro en U. Waze recalculó la ruta y me hizo atravesar las tripas del sector donde mis amigos viven, pero al final del cuento, 40 minutos después de buscar el arca perdida, logré llegar.

En resumen, a los mapas no se les puede creer todo. Ni aunque sean digitales y te otorguen “puntos” por reportar como montes las calles que aún no existen.

3 Comments De mapas, extravíos y otras nostalgias

  1. Natacha Guzman

    Yo sigo usando mi mapa Gaar, que guardo en mi guantera del vehículo. Toy atrá, sí, pero voy SEGURA. “Caserco”, debe llevar tilde en la ó. :b

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