Peores que Herodes

Una vez conocí un muchacho que se llamaba Hitler. Pensé que era un relajo o una variación inocente de algún nombre mal pronunciado, pero no, el pana se llamaba Hitler Fuerte y lo peor es que tenía un hermano llamado Stalin. El padre de este par de “dictadores” realmente era un amante de nombres insólitos y consiguió que sus vástagos tuvieran siempre un tema de conversación para romper el hielo –si bien uno que debería ser odioso.

Pero salvo estos dos casos, creo que ningún padre en su sano juicio querría estigmatizar a un recién nacido relacionándolo con un personaje que representa sangre y terror. Por eso, supongo yo, nunca he conocido un Herodes. Al menos, no uno que lo pueda demostrar con la cédula.

Herodes, el rey romano que gobernaba en Judea en los tiempos en que nació Jesús en Belén, no era un dechado de virtudes bajo ningún ángulo. Pero como si le faltaran méritos para hacerse odiar, cuenta la Biblia que cuando los magos de Oriente le hablaron del nacimiento del “Rey de los Judíos”, este sanguinario tomó una de las medidas más insólitas y crueles de las que hayan registro: Ordenó matar a todos los niños menores de dos años que hubiera en la aldea y sus alrededores.

La masacre de los inocentes

La masacre de los inocentes

Los motivos de Herodes para cercenar la vida a toda una generación fueron profundamente oscuros y egoístas. Cegado por su envidia a Jesús (a quien no conocía pero temía) manchó la tierra de Belén con la sangre de decenas de niños cuya condena solamente fue haber nacido en esos tiempos. ¡Cuánta crueldad!

Pero esta limonada no es para recordar a aquél Herodes. Quiero apoyarme en el relato de la “masacre de los inocentes” para señalar que hoy “Herodes” no es un nombre popular para nuestros niños, y sin embargo muchos padres tienen una actitud de desprecio hacia sus hijos que los coloca incluso más hondo que al personaje del Evangelio de Mateo. Estamos rodeados de padres que son peores que Herodes.

La inhumana orden de Herodes acabó con una generación de niños de Belén. Podría decirse que ese poblado tuvo un hueco generacional que no se llenó, y tantos siglos atrás no tener varones en edad de trabajar y sostener la familia era realmente un escenario trágico. Pero yo me pregunto, ¿acaso existe algo peor que no tener hombres y mujeres dispuestos a servir a la sociedad que los vio nacer?

Sí. Tener hijos e hijas y permitir que se conviertan en criminales. Eso es mucho peor que ser estériles.

Yo creo en la suma de la sociedad. Entiendo que un pueblo, una cultura sólo avanza cuando los individuos que aportan superan por mucho a los que dañan. Cuando la sumatoria de los integrantes de un país da por mucho un balance positivo, entonces ese país crece y se fortalece… pero cuando la ecuación de las voluntades aumenta en la cantidad de elementos, mas el resultado de toda ella empieza a quedarse cada año en el mismo lugar (o más trágico aún, a decrecer), entonces estamos en serios problemas.

La delincuencia no es ningún secreto en nuestra República Dominicana. José Carlos Hernández recibió 27 puñaladas en un incidente que aún conmociona los medios. La madre de mi ídolo beisbolístico Miguel “Guelo” Diloné fue asesinada indefensa a manos de una banda de criminales entre los cuales había personas de confianza. Son solamente dos muestras simples de homicidios espantosos que  hemos tenido que digerir en menos de 15 días. Se persigue a los responsables y se les captura. Se les interrogará y (esperamos todos) recibirán su castigo (ojalá que en los mismos términos de sus crímenes, c*ñazo). Pero…

¿Qué papel jugaron los padres de esos asesinos?

No quiero sonar ligero ni pretendo generalizar, pero creo firmemente que los padres y las madres de los criminales que nos abruman hoy día deberían ser cuestionados. Por supuesto, nadie puede ni debe pagar por los crímenes que cometan sus hijos, pero hace falta que preguntemos ¿qué crianza le dieron? ¿qué valores le inculcaron? ¿cuáles ejemplos le dieron?

Me dirán que la pobreza no les permitió darles una mejor educación. Que no conozco la vida en barrios, que los muchachos inventan mucho. Me recordarán que los padres y las madres de esos delincuentes trabajan y tuvieron que dejarlos solos. Que no hay nada que se pueda hacer, que así ha sido siempre, que no se puede cambiar… ¡Y eso es una asquerosa mentira!

La pobreza no es una excusa irrefutable para fomentar la delincuencia. Tampoco la riqueza es una vacuna infalible contra la corrupción. Muchas de las personas más honestas y responsables que he conocido nunca han ido a la universidad. Ni siquiera terminaron la escuela media. Hace 34 años Rosa trabaja para mis padres. Con su trabajo, esa vieja (a la que llamo con derecho “mi segunda madre”) construyó su casa en Los Limones de Nagua y tiene tierra de arroz en El Factor. Jamás ha sido rica ni ha tenido un carro, pero en mi casa nunca se ha perdido un peso, y ni ella ni sus sobrinas ni los hermanos jamás han robado ni un grano de arroz. Solo tuvo un hijo y lo perdió en un accidente de tránsito ya hecho hombre que tampoco necesitó delinquir.

Apuesto que todos los que lean esta limonada conocen “Rosas”. Mujeres y hombres que crían sus hijos e hijas derechos. ¿Acaso no deberían ser así todos? Pero no, cada vez más, encuentro padres y madres en todos los estratos socioeconómicos que tienen hijos que no pretenden levantar. ¡Qué cojones! Y yo me pregunto, otra vez… ¿para qué demonios tuvieron hijos si no estaban dispuestos a asumir el compromiso de criarlos en valores, de inculcarles (tatuarles debería decir) un código de ética sólido e incólume?

¿Acaso sólo un grupito aprendimos que tener hijos es algo más que embarazar una mujer y ponerla a parir? ¿Solamente unos pocos entendemos que se debe tener cada hijo sabiendo que es un compromiso público que hacemos para levantar un hombre o una mujer que abrace la rectitud y la responsabilidad?

Nuestra cultura de tigueraje nos está matando, nos arropa por todas partes. Donde quiera que miramos podemos encontrar alguien colándose en la fila, robándose el semáforo, llevándose los lapiceros de la oficina a su casa, tomándose todo el café del departamento… pagándole a un tipo para que le conecte la energía “por la izquierda” y así poder tener el aire acondicionado encendido 24/7 y que se jodan los demás. Hay miles de ejemplos en todas partes.

Pero los peores son los padres que no corrigen a sus hijos y los empujan a ambientes donde sólo aprenderán a hacer daño. Padres y madres que son capaces de “defender la honestidad” de asesinos con olor a sangre en las manos. Hombres y mujeres que crían delincuentes y se enorgullecen de ello.

Todo ladrón tuvo una madre y tuvo un padre. Todo asesino fue niño y durante sus primeros años recibió la influencia de sus adultos. No existe criminal que no haya recibido ejemplos, y esos ejemplos tempranos sin dudas forjaron su carácter. El delincuente de hoy pudo ser profesional, o aprender un oficio y aferrarse a la honestidad. Es culpable por elegir el mal como religión, pero sus padres no son inocentes.

Estamos rodeados de sujetos peores que Herodes. Padres que harían un favor al país si mataran a los malditos hijos que nunca merecieron tener y que jamás se ocuparon en criar. Y luego, que se dieran todos un tiro para completar la buena obra.

Maldito sea todo hombre y maldita toda mujer que trae un niño a este mundo para convertirlo en un delincuente. ¡Malditos por siempre sean esos que son peores que el peor Herodes!

8 Comments Peores que Herodes

  1. MarthaMR

    Cuando sea grande, quiero ser, escribir, pensar como tu….!! Imperdible amigo, yo también he pensado que debe ser lo que los padres hacen tan mal para que los hijos se les pierdan… y por algunas experiencias cercanas también he concluido últimamente, que la mayoría de los problemas y carencias de los jóvenes/hombres de hoy, vienen de las carencias con las que se levantaron; y conste que no estoy hablando de carencias económicas. Algunos alegarán, que el que quiere ser bueno, lo será aunque se levante en el fango, y que el que nació para no servir, no servirá aunque nazca en la luz… sin embargo estoy totalmente segura, que no hay hombre malo, mujer que no sirva, ser despreciable que no se corrija con una buena crianza, y porque no, unos buenos pescozones a tiempo. Bendita sea la presencia, el cariño, los diálogos de mi mama, pero más benditas sean las pelas que me dieron cuando chiquita, los castigos y chancletazos y su capacidad para corregirme, y bien corregida cuando fue preciso. Keep writing cacato!

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    1. Junior Jimenez

      Muy interesante artículo. Sin embargo, deseo puntualizar algunas cosas….
      La matanza de los niños de Belén por orden de Herodes carece de sustento histórico y apunta a ser una farsa:
      Una de los puntos en contra de dicho relato, es que solo aparece en el evangelio de Mateo, nadie más en aquella época se hizo eco de semejante acto. Lo cual hace muy sospechoso que esto realmente sucediera, puesto que estamos hablando de una matanza de niños, cosa que no puede pasar por alto en los historiadores.

      Otro detalle es que esta matanza es muy parecida a la relatada en Éxodo donde el faraón se levanta contra los niños hebreos, (que también solo aparece en este libro) y tal parece que es la fuente de inspiración para el autor del evangelio de Mateo, para hacer ver a Jesús como otro profeta de la talla de Moisés.

      Entre otras cosas podemos mencionar la verosimilitud de esta historia: un vasallo de Roma que ordena matar a unos niños porque un grupo de magos le dijeron que iba a nacer un rey en un pueblito. ¿Are you kidding me?

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      1. dariomartinezb

        Hola Junior, perdona lo tarde que te respondo. Fíjate, el énfasis de esta limonada no es necesariamente la precisión histórica del relato bíblico. Yo cuestiono muchos de los pasajes que se narran en cualquier libro religioso, pero eso no es el punto aquí.

        Lo que aspiraba era simplemente a tomar a Herodes como un ejemplo de alguien que (según la historia) asesinó a muchos niños inocentes. Al mismo tiempo, pensar que los padres que no crian bien a sus hijos y permiten que se vuelvan delincuentes, habrían hecho mejor en matarse a sí mismos.

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  2. Fatima

    No puedo evitar pensar cada vez que veo una adolescente embarazada, si ese que lleva sera un delincuente, (no son todos los casos), pero que sabe un “muchacho” de criar.NADA,,,,pienso lo mismo que tu, y de aquellos padres que no solo NO inculcan valores, sino de aquellos que son permisivos y ” premian” y llenan de lujos a sus hijos, porque si, porque hay q darle lo que ellos no tuvieron,,,,sin saber que el verdadero premio es corregir a tiempo….no solo se trata de barrios ,,tambien esos padres que le dan un vehiculo a su hijo a los 17 y luego ese se estralla y asesina a alguien ….es otra forma de criar un delincuente.Dale a tu hijo todo lo que pida,,,,y preparate para lo que viene…..

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    1. dariomartinezb

      Hola Fátima, disculpa la respuesta tan tarde de este comentario. Coincidimos plenamente. Complacer un hijo con todos sus caprichos sólo fomenta a un ser egoísta y ególatra que jamás aceptará un no.

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  3. Pingback: La maldita madre de Gilbert - 40 Limones

  4. Marcial Peña

    Este articulo me recuerda hace 18 años, a mis 6 años, que en la escuela intercambié un candado de mi mochila por un helicóptero de juguete con un compañero de curso. Llegó a mi casa con mi nueva adquisición y mi padre me preguntó que donde lo había sacado, puesto que él no recordaba haberlo comprado. Por lo que al día siguiente, en la escuela, mi padre se presentó al aula a preguntarle a mi compañero que si en verdad habíamos hecho aquel trueque.

    Tanto mi padre y mi madre, siempre estuvieron al tanto de lo que yo y mis hermanas hacíamos Aun hoy de adultos todos ya, no faltan los consejos, las enseñanzas de honestidad y la preocupación por el caminar mio y de mis hermanas en la vida, por parte de mis viejos.

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    1. dariomartinezb

      Qué buen aplauso para tus padres, Marcial. Eso es justamente lo que pretendía resaltar: Padres que no se ocupan de sus hijos y que los dejan crecer como les venga en gana. Muy diferentes a tus padres y a los míos, que todavía hoy siendo abuelos se ocupan de encaminar nuestros pasos por el buen camino.

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