Cuando vuelvas de Argentina

Tío Lope

Tío Lope

Cierro los ojos y puedo verte, mecaniqueando debajo de un viejo auto que ya no aguantaba más remiendos, haciendo una antena para la televisión con una percha doblada o instalando un abanico de techo con tan solo un destornillador improvisado.

Cierro los ojos y me contagia tu risa que te brotaba abundante y frecuentemente por cualquier motivo. Te reías mucho y con frecuencia y quizás por eso no puedo recordarte enojado. Siempre que algo te molestaba (como la vez que bañamos al perro con 7-Up) era como escribir en la arena, un par de olas más tarde ya no quedaba rastro de tu truño.

Cierro los ojos y puedo verte a mi lado bajando a la playita del Fuerte San Gil donde yo me embullaba recogiendo “caracoles de colores” que no eran más que pedazos de botellas que el oleaje había pulido hasta volverlos guijarros.

Pero sobre todas las cosas, cierro los ojos y veo cuando te sientas en medio de nosotros a contarnos tus travesías en alta mar, las aventuras que viviste en Argentina o toda la lucha que cogiste en Siberia mientras yo buscaba cada lugar en un globo terráqueo y me maravillaba de todo lo que habías viajado, todo lo que sabías, todo lo que enseñabas. No sé cómo lo hacías pero eras un ilusionista, un genio del “storytelling”. De alguna forma que no comprendo, te inventabas una historia, ambientabas una escena y nos dejabas alguna risa y siempre una enseñanza.

El pasado miércoles 15, finalmente recibí la llamada que temía. Los años y el cáncer finalmente pudieron más que la fragilidad en que ya estabas. Arrastrabas varias semanas de grandes precariedades y dolores, pero te las arreglaste para morir en silencio, sin que nadie se diera cuenta hasta un tiempo después. Y de nuevo te saliste con la tuya: Te fuiste sin estridencias, sin hacer bulto. Tranquilo y en paz. Tal como fuiste siempre.

Sabía que morirías y pensaba que estaba preparado para ello. Como siempre, no lo estaba. Verte quieto fue la más cruel de las escenas, ya que aún con tus achaques, te mantenía “brujuliando”, siempre mirando a todas partes.

Te vi con vida el domingo 5 por última vez. Tatín me advirtió que ya no reconocías a muchas personas. “Mira Lope, aquí vino Darío, el hijo de Mildred”, me introdujo ella. Tu mirada me pareció perdida, pero luego te dije que el Escogido había ganado el campeonato y sentí que tus ojos sonreían.

Cierro los ojos y te veo hablándome del tango y de Buenos Aires, de los gauchos de la pampa y de Gardel, cosas que nunca conociste en persona, y sin embargo me las diste a conocer más que personalmente gracias a ti. Hace días te fuiste pero me imagino que andas recorriendo las pampas argentinas, nadando y pescando frente al Buenos Aires querido mientras Gardel te espera con una botella de buen vino.

Tío Lope, cuando regreses de Argentina, no te olvides de hacerme la historia.

4 Comments Cuando vuelvas de Argentina

  1. Melo

    Hoy fue que pude leer esta limonada. Siento muchísimo la partida de tu tío, Darío. Como lo pintas, me hubiera gustado haberlo conocido.

    Aprovecho para decirte: qué don tienes, Darío! No sé como eliges y organizas tus palabras pero, cualquiera que sea el método, síguelo ejecutando. Esta limonada te quedo preciosa.

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