San Andrés en el recuerdo

En mi infancia, el 30 de noviembre sólo era aburrido cuando caía sábado o domingo. En todas las demás ocasiones, era la hecatombe. Fui parte de la última generación que robaba huevos en su casa para enterrarlos por unos días en tierra negra, a fin de que un día como hoy estuvieran “a tono” y reunirme con mis amigos al salir del colegio o la escuela.

Cara con suerte, sólo harina

Cara con suerte, sólo harina

¿Usar talco, harina o perfume? No ombe, eso era para pariguayos. Lo que era ápero en esa época era armar pandillas de asalto y jugar como si fuera una partida de Airsoft… ¡pero nunca para competir entre nosotros, por supuesto! Nos colocábamos en lugares estratégicos en las calles y con una coordinación bárbara realizábamos verdaderos ataques grupales por todos los flancos a los desprevenidos automovilistas que pasaban por nuestras calles. Luego, a correr. Sí, lo confieso, esa vaina era divertida. Asquerosa, cruel y desconsideradamente divertida.

Así que lo admito. Yo era de los “degraciaítos” que gastaba un cartón de 30 huevos en esa pendejada. Hoy una parte de mi ser reniega de esas actividades malévolas y non-santas que hacía con mis amigos del residencial… pero (sigo admitiendo) otra parte sigue muerta de risa recordando el “hueverío” que armábamos, los carros que prudentemente se devolvían cuando detectaban el campo de batalla, las carreras que les dábamos a los tigueritos que, desafiándonos, pasaban corriendo intentando salir ilesos, y hasta la nobleza (sí, nobleza) que desarrollamos para discriminar nuestras víctimas. “Sólo a carros manejados por hombres, cero doñas”.

Tiempo después

Nunca nadie me contó por qué el 30 de noviembre se lanzaban huevos podridos a la gente. Nunca supe que era una tradición distinta, con perfume, talco y buenos modales. Nadie me hizo la historia de que a Lilís lo salpicaron con “miaos” hace más de 110 años y que mandó a comprar todos los perfumes de Santo Domingo para que “jugaran con aguas más puras”.

Con el correr de los años supe que la tradición de San Andrés era hasta simpática. Pero eso se perdió con el tiempo, y tanto se ha perdido que ya ni para emular nuestros grupos de asalto huevero se juntan los chamaquitos. Como sospecha Alexéi Tellerías en este artículo, es probable que el precio de los huevos haya sido finalmente lo que haya siquitrillado esa tradición malvada, y nunca se restaurase la original, con aromas. En una palabra, la tradición de San Andrés murió.

Es simpático. Menos de una semana antes, todo era con otro “santo”, el famoso “San Guibin” de los gringos, una tradición ajena e importada de la que escribí aquí. San Andrés con perfume o huevos podridos hoy nadie lo recuerda si no quizás con nostalgias. No, en realidad, no es simpático. Penoso, quizás, sí.

¿Quiénes recuerdan San Andrés y las Batallas del Huevo Podrido? ¿O al menos, las escaramuzas perfumadas con talco Mexana? ¿Alguien?

4 Comments San Andrés en el recuerdo

  1. Guillermo

    La versión que hacía era sacar la sustancia del huevo haciéndole un pequeñito hueco, tomar una jeringa y rellenarla de pintura, ponerle un pedazo de tape al hoyito y hacer lo mismo con al menos 29 huevos más…

    Ir en la noche al colegio donde estudiaba y a disfrutar se ha dicho!!!!

    Hayyy cuanto gozar!!!

    Reply
  2. joanpatricia

    Yooooo… Esta maÑana Twittie sobre la pena que me da saber que este tipo de actividades que se realizaban cuando yo era niña ya no quedan ni la sombra! … Conte a modo de anecdota que recordaba un dia de San Andres, yo en 5to de primaria, del colegio S. Teresita, mas temblorosa que una gelatina solo con saber que se “iba a armar” desde que tocaran el timbrre de salida, yo con mi talco en mano (que mi madre me dio para aquella ocasion, si porq hasta los padres animaban a uno), otros con harina, vejigas con agua y los famosos HUEVOS, esos eran los que me daban miedo, no solo por el tremendo bajo a diablo que dejaban si no por el dolor y el colorao con el que te marcaban por el resto del dia… Sono aquel timbre!!!! Se armo!!! Yo sali corriendo a tirar inocentemente mi taco y de repente y “jodio” huevaso se le pega a otro que iba delante de mi en el mismo centro de la frente, este cae al suelo como una guanabana madura y yo petrificada parada al lado sin saber que hacer, de repente oigo “ayy coÑo te joditste” no recuerdo quien lo dijo ni a quien, pero estas palabras fueron mi GO para salir corriendo y esconderme hasta que me pasaran a recojer…. Si, para mi San Andres era sinonimo de pelicula de terror, pero aun asi conssidero que obviando la parte de los huevaos que menciona Dario, era una tradicion, y las mismas definen culturas, y me da pena que se pierdan…

    Reply
  3. Walkiria Encarnación

    En el colegio donde estudié los chicos de último año cerrábamos el ultimo dia de clases con una batalla de huevos y harina. Soy muy joven (hahaha) para haber celebrado San Andrés pero mi madre siempre me hablaba de esa celebración, es una tristeza que los dominicanos no preservemos nuestra cultura.

    Reply
  4. Rossy

    En mis tiempos no era perfume ni talco, era agua, harina, huevos, e incluso, de los bizcochos borrachos esos que venden (o vendían) en bandejas en la calle, se compraban de a docenas y nos lo tirábamos unos a otros.

    Reply

Comenta, sin vergüenza