Cuando ya no haya concho

El viejo Austin, un símbolo del concho

El viejo Austin, un símbolo del concho(foto encontrada en Google Images)

Cuenta la leyenda, que José Pedro se hizo famoso en Santiago porque fue de los pocos vecinos de Pueblo Nuevo que tuvo un automóvil propio, un Austin blanco como el de la foto, pero mucho más “peliado”. Era el año 1951, cuando tener cojones era peligroso, pero José Pedro era un buen tipo que no tenía problemas con nadie. De buena gana, y como corresponde a todo santiaguero que sea digno del gentilicio, aprovechaba para llevar a sus vecinos por la Calle Del Sol hasta que él llegaba a su trabajo en el Ayuntamiento. Un mal día, Don Concho —como le llamaban— se quedó sin empleo y se le ocurrió dedicarse a transportar a los vecinos, ahora cobrándoles cinco cheles para compensar. Pronto extendió sus servicios a desconocidos y amplió sus horarios al punto que el Austin pasó a llamarse “el carrito de Concho” cuando lo divisaban a lo lejos. Dicen que Don Concho nunca más volvió a pisar una oficina y que terminó de criar a sus hijos con lo que levantaba haciendo este servicio. Naturalmente, no pasó mucho tiempo para que otras personas imitaran su ejemplo, aunque ya la actividad quedó bautizada de acuerdo al apodo de su autor. Así nació el concho. Más o menos.

La historia es ficticia aunque siempre he escuchado que el concho es un invento de Santiago, “importado” por la Capital en la última década de la tiranía, masificándose luego en los infaustos doce años de Balaguer, cuando Santo Domingo se convirtió en la Meca del resto del país. Mite Nishio me hace llegar este artículo con una versión, probablemente más fiel pero menos romántica que mi historia.

¿Cómo era la cosa antes?

Me cuenta mi madre y otros ancianos que he consultado (me matan si leen esto) que durante los años de Trujillo Santo Domingo no pasaba de la Máximo Gómez y que lo más lejos que se llegaba por el Este era al Hospital Darío Contreras (cruzando el “Puente Trujillo”, luego Puente Duarte). La capital de entonces era bien pequeña y bastante urbanizada. Era la época en que lanzar basura en la vía pública era una tragedia nacional.

Había transporte público en esos años, en forma de autobuses (¡me cuentan que aquí habían guaguas de dos pisos!). Las rutas nacían todas en el Parque de la Independencia (entonces no existía el Altar de la Patria). Los autobuses gubernamentales suplían con bastante eficiencia la demanda de transporte, pero los conchos empezaron a surgir, usando rutas nuevas y algunos hacían compromisos de transportar pasajeros específicos a horas específicas. Por ejemplo, mi vieja iba al Instituto de Señoritas desde San Carlos, ida y vuelta, con tres compañeritas más, como si fuera un servicio de chófer.

Luego del ajusticiamiento del sátrapa, Santo Domingo se expandió más allá de Gazcue y poco a poco las necesidades de transporte crecieron. El servicio de autobuses de la tiranía fue cayendo en la misma mala gestión que cayó el servicio energético ante la mirada permisiva e irresponsable de Balaguer, que siempre permitió que todo se dañara para tener a quiénes darles funditas cada cuatro años. Ya desde el inicio de los doce años, el sistema de concho estaba arraigado. Siempre fue una iniciativa de particulares, que no tardaron en agruparse y fundar sindicatos. Basta decir que desde que tengo uso de razón, escuché hablar de UNACHOSIN (Unión Nacional de Chóferes Sindicalizados Independientes).

En sus inicios, al igual que ahora, el concho partió de la premisa de que no había un sistema de transporte colectivo confiable que permitiera a la población realizar sus tareas cotidianas como ir a trabajar o salir de paseo sin contar con vehículo particular. El concho existe simplemente porque no hay un sistema de transporte gubernamental que lo haga innecesario.

La situación hoy día

Santo Domingo y Santiago (en menor medida) están  en el umbral del caos en materia de tránsito urbano. No pocos ciudadanos denominan a la Capital como TaponCity, y cualquier empleado que necesite llegar a las 8 de la mañana a su puesto laboral sabe que su día empieza al menos dos horas antes, pues tiene que reservar más de una hora a atravesar las tripas de la ciudad.

El concho surge por la falta de visión del gobierno de Balaguer, incapaz de comprender que toda ciudad en crecimiento requiere masificar el transporte. Una dura lección que metrópolis como México D.F. y Río de Janeiro han tardado décadas en solucionar. Según datos que no logro confirmar pero que hasta me parecen benévolos, se estima que unos 40mil automóviles de concho circulan diariamente en las principales zonas urbanas del país, esto sin contar otras formas de transporte no colectivo, como las voladoras, los motoconchos y los taxis privados. No hace falta mucha imaginación para comprender el profundo impacto que tiene sobre el tránsito vehicular esa horda de automóviles en horas pico.

Cada día en puntos neurálgicos de la capital vemos la misma escena: una caterva de carros de concho, ocupando a veces dos carriles por un largo trayecto, “hacen turno” esperando pasajeros para llenarse e iniciar su trayecto. Ha surgido un nuevo oficio, el “vocearutas” que no es más que un individuo que se dedica a hacer ruido gritando la ruta que llevarán los autos que esperan, con lo que aporta su cuota de caos y acoso de vida a los ciudadanos.

Por supuesto, no es justo endilgar a los transportistas del concho toda la responsabilidad del caos del tránsito. Los conductores privados también tenemos mucha culpa, muchísima. La falta de educación vial es inconmensurable y son impresionantes las barrabasadas que cometen muchas personas, amparadas en la yipetocracia o simplemente en la yosipuedocracia. Con todo, el impacto de los chonchistas sigue siendo mucho mayor dada la incidencia que tienen en las vías más transitadas de la ciudad.

¿Es que nunca podremos tener un sistema de trasporte público que no sea un desorden?

Asombra la capacidad de arrabalización que demuestran los conchistas cuando se aglomeran en cualquier esquina. La contaminación física y hasta la sonora es abrumadora en cualquier lugar donde se junten 10 conchistas. ¿Ejemplos? Basta ir a la Esquina Caliente, a la Churchill con Kennedy, al Parque Independencia, al mítico cruce de la Duarte con París, a la (hoy inexistente) Bomba de Los Mina o (cómo no) a nuestra criolla versión de Grand Central, el Kilómetro 9 de la Autopista Duarte para comprobar el deplorable estado en que están esos lugares.

El concho atrasa a los pueblos. Creo firmemente que el transporte público no debe estar en manos privadas. Sin embargo, hay que admitir que si fuera por el gobierno, en nuestro país no podríamos movernos a ninguna parte, ya que las “soluciones” que el gobierno ha desarrollado, llámese el Metro y la OMSA (y las sindicalizadas Banderitas, y la tristemente célebre ONATRATE), no resuelven los problemas de la mayoría sino sólo de los que tienen la dicha de vivir y trabajar en las rutas que atienden. Lo que ha faltado es un verdadero plan de reordenamiento vial que no dependa de Metros y otras diandinadas. Lo que necesitamos es masificar el transporte colectivo, cuadruplicar las unidades de OMSA, meterlas en nuevas rutas e ir haciendo irrelevantes a los gorilas del volante que no hacen más que entorpecer todo.

Yo soy de opinión que el concho debe desaparecer, ser erradicado totalmente del país. Ojalá pudiera ser de un plumazo como hizo Ramón Pérez Martínez cuando siquitrilló el funesto SITRACODE de la CDE, pero eso no es posible sin provocar un colapso y (probablemente) una guerra civil. Los “empresarios del transporte” son hoy día uno de los gremios más poderosos del país, alimentados groseramente por el propio gobierno. No obstante, es una verdad insoslayable que el sistema de concho no es el futuro del transporte ni en este país ni en ninguna parte del mundo. Hay que empezar a diseñar mecanismos que masifiquen el trasporte público y hagan al concho un recuerdo de un pasado que se extendió por demasiado tiempo.

Próximamente

Este es un tema extenso que no podría tratar en una sola entrada. Esta apenas es la introducción 🙂 Más adelante me referiré a las características técnicas, costos operativos, beneficios y otras cosas que tienen que ver con el funcionamiento del concho en nuestro país, y ejemplos de sistemas parecidos en otros lugares.

17 Comments Cuando ya no haya concho

  1. Rocío

    Que buen artículo, Darío. Tengo años oyendo a mi mamá diciendo la misma cosa del concho, y no me queda de otra que darle toda la razón. Siempre aparece alguien que dice “ah, pero esa es la realidad de los países en desarrollo”, y la verdad que cada vez que oigo ese argumento lo que pienso es que con esa mentalidad nunca nos vamos a desarrollar. Los carros de concho son como una representación de la actualidad dominicana: puro desorden, en malas condiciones (cayéndose a pedazos la mayoría) y conducidos por gente sin educación ni modales.

    Reply
    1. Darío

      Esta realidad encaja bastante bien con el post que publicaste sobre la arrabalización de áreas públicas. El concho es una especie de arrabalización en movimiento. Ufff!

      Reply
  2. Annyris

    Cuando yo era chiquita, me montaba en Onatrate con mi tía. Costaba $0.25 y no era la soul-sucking experience en q se ha convertido andar en transporte público.

    «El concho existe simplemente porque no hay un sistema de transporte gubernamental que lo haga innecesario.»
    Siempre lo he dicho. Los ciudadanos de países con mayor PIB q RD no se afanan ni se mortifican tanto como nosotros para tener vehículo propio porque tienen un sistema de transporte q funciona. Tener un vehículo en la ciudad de NY, por ejemplo, es un lujo – es más, yo diría q es un problema. Tanto es así q hasta alquilan vehículos por horas.

    Mi teoría es la sgte. (creo q la comenté en Twitter el otro día): No es lo mismo un chofer de guagua q sabe q su dinero llega a final de mes aunq sólo haya montado 10 pasajeros, q uno q tiene q “joseársela” porque sus ingresos dependen del número de pasajeros transportados. Manejan sin prudencia ni “prigilio” porque tienen q montar una cantidad X de gente, y pk mientras más viajes den, mejor.

    Otra cosa es q somos MUY vagos. Eso de caminar hacia una parada de autobús es algo q no nos cabe en la cabeza. No, yo tengo q coger el carro donde me dé la gana y el chofer me tiene q dejar antes de cruzar, en la misma esquinita. >:o

    [Sorry q me corrí, pero es q el tema del concho me desespera.]

    Reply
    1. Darío

      Yo siempre he propugnado por dejar los autos para cosas cercanas… pero es así, somos vagos. Imagínate, hay personas que no se animan a caminar tres cuadras “por el calorazo”…

      Reply
  3. Emmanuel DLSC

    Saludos, no sabia lo del origen de la palabra “concho” ! muy interesante. El sistema de OMSAS entiendo yo que el primer paso seria retomar el sistema de OMSAS. Yo antes era usuario y cuando eso cada 10-15 mins aparecía una. Pero hoy hasta en las rutas principales son muy pocas las que vo y las que hay en muy malas condiciones. En la kennedy uno encuentra fácilmente una quedada y bloqueando el transito. Ni en la 27 de febrero se ven en cantidades que deberían ser normales. En mi transcurso por la 27 hacia el trabajo que consiste desde la N. Caceres hasta la Delgado, por ejemplo el viernes no vi una sola OMSA… aparte de que el carril de la OMSA ni los mismos diseñadores de la via publica lo toman en cuenta porque eso que intentaron hacer con la vía publica que contamos es INSOSTENIBLE … por otro lado entiendo que si no hacen una solución integral con los actuales choferes no se va a poder conseguir solucion ya que la situación de nuestro país es fuerte y eso es una fuente de trabajo para MUCHOS hogares, para colmo que estoy también llegue ser mas politizado aun …

    Reply
  4. Nedume

    Tremenda Limonada, preparada con un poco de cultura… No me pierdo de ninguna y de todas aprendo. En Piantini, en la Rafael Augusto Sanchez antes de cruzar la Churchill a mano derecha hay un Austin me parece Genuino, parado en el parqueo de un edificio casi en la acera, cogiendo agua sol y sereno…

    Date una vuelta por ahí!

    Reply
  5. Yaindry Nova Espinal

    Yo fuera sumamente FELIZ si se le prestará mas atención y Mantenimiento a la OMSA. En mi caso para ir al trabajo tengo la opción de 1 OMSA o 3 conchos :/ para la Uni 2 OMSA o 2 conchos y una guagua :/ a parte de la gran diferencia en $ todavía no me decido que es peor: Horas esperando la OMSA y la mayoría de veces ir como sardina con olores desagradables o el stress de cambiar de un concho a otro toda asustada de que me puedan atracar a veces en largaaaaaas filas para poder montarme en un concho.

    Cada vez que me voy para el trabajo o me llega la hora de salir me llega un desánimo en solo pensar el trabajo que me toca pasar para llegar a mi destino.

    La OMSA es un transporte que con mas unidades y mantenimiento puede resolver una buena parte del problema.

    Reply
  6. Walkiria

    Si los transportistas leen esto… no habría mas limonadas. XD Cuando viajo a USA, y me preguntan que me gusta yo solo digo una cosa: el transporte. Duré 4 años traumados viajando a San Pedro todos los días desde La Romana: resultado? Si usted a las 9 de la noche no se había ido (las clases terminaban a esa hora) Prepárese a coger lucha. Y yo decía, pero caramba debería haber aunque sea una guagua publica que nos garantice que regresaremos a casa. Eso era toda una odisea. Y mi padre me decía que bien estaba yo, cuando el estudió hizo un curso especial en coger bolas en todo tipo de vehículos, camión de pollos incluido. Entiendo tu reclamo y creo que sin sacarlos de golpe como sugieres, se vaya higienizando el transporte publico ESPECIALMENTE en Ciudad Caótica (Santo Domingo); donde por su crecimiento e importancia lo requiere urgentemente. Quiero seguir leyendo mas. [Ah mira, y el nuevo diseño?]

    Reply
  7. Rossy

    Me encantó tu limonada. Sólo que no estoy segura de que sea realista confiar en que el Estado provea un sistema de transporte efectivo y que no se caiga a cada cambio de gobierno. Ya hemos visto suficientes ejemplos.

    Además, el cambio a transporte colectivo debe ir aparejado con la ampliación y adecuación de las calles, la solución al problema de las inundaciones y la seguridad, entre otras cosas.
    Por ejemplo, ¿has intentado caminar dos cuadras seguidas bajo la lluvia en la capital? Es imposible a menos que tengas un bote. Hay bloques enteros que se inundan y que impiden caminar. Normalmente las aceras están llenas de hoyos, basura, materiales de construcción, vehículos parqueados, etc.

    Por otro lado, imagínate que te bajas de una OMSA a las 9:45 pm, para luego caminar tres esquinas en medio de la oscuridad, ya sea por el perenne apagón o simplemente porque no hay lámparas en los postes de luz. Con el nivel de delincuencia actual, es un peligro para la integridad física.

    O sea, no es sólo quitar los conchos y poner autobuses. Si esto no va acompañado de la corrección a todas estas situaciones, la misma ciudadanía será la principal opositora.

    De nuevo, muy buen post. Saludos.

    Reply
  8. dariomartinezb

    Estamos de acuerdo. Yo no soy muy entusiasta del metro por su altísimo costo inicial, pero la verdad es que es la única solución en la que el control del transporte es eficiente.

    El metro es CARÍSIMO hacerlo, pero si se completa la idea de seis líneas, a la larga (larguísima, quizás) será una bendición. Mientras tanto, nos costará a nosotros aguantarnos el costo inicial.

    Reply

Comenta, sin vergüenza