Tres columnas de la “pamaternidad”

Hay situaciones que los seres humanos rara vez comprendemos correctamente a menos que las vivamos en carne propia. El viejo consejo de “Aprende en cabeza ajena” es sumamente inútil cuando se trata de cosas tan delicadas como la paternidad responsable (término que como señaló mi amiga Melissa Rodríguez –now González–, es una triste redundancia).

La Pamaternidad

La Pamaternidad

Ser padre o madre de una criatura que viene al mundo sin dudas es una de las experiencias más transformadoras que puede ocurrir en la vida de cualquier persona. Por más libros, consejos, terapia, cursos o ejemplos que tengamos, en el mismo segundo en que un nuevo ser humano rompe a dar gritos en la sala de partos, hay dos vidas (las de los padres) que jamás volverán a ser iguales. Todo cambia. Todo.

Sin embargo, hay cosas que, de acuerdo a mi criterio, no deberían cambiar, ni siquiera por la llegada de un hijo o hija a nuestras vidas. Sin pretender ser experto en temas psicológicos o legales de las relaciones de pareja, me atrevo a exponer estas tres enseñanzas centrales sobre la “pamaternidad”.

Los hijos NO son lo principal en tu vida

Yo creo en que una pareja se debe primero uno al otro, y luego a sus hijos. Sé que este es un enfoque chocante y que “suena feo” a muchas personas, pero ruego que me permitan explicar mi punto. Yo estoy convencido de que cuando un hijo o una hija viene a nuestras vidas, de inmediato contraemos una responsabilidad que legalmente termina con la mayoría de edad del vástago, pero que en la práctica se extiende por toda la vida. Y eso no se afecta con el destino final de la relación de pareja que procreó la criatura, sea que los padres cumplan 75 años de unión o que se divorcien (o nunca llegasen a convivir como pareja), la realidad es que ambos tienen una responsabilidad que no se borrará jamás.

Sin embargo, muchas personas entienden que la prioridad 1A que tienen como pareja de padres es la de velar por los retoños, y eso es un craso error, uno que con frecuencia desestabiliza totalmente la dinámica de pareja y puede destruir la relación. Cuando uno de los padres llega a darle más importancia a la “pamaternidad” que a su cónyuge, empieza a crear un caldo de cultivo que generalmente da un sancocho agrio. Los hijos son préstamos de la vida que nos toca encaminar hasta que puedan alzar su propio vuelo y crear su nido particular con otra persona que fue criada por otros padres. Al final, los padres estamos “condenados” a quedarnos solos (o acompañados de nuestra pareja en un buen caso) y ver partir a cada hijo o hija.

Los hijos no son lo primero, sino la pareja (sea ésta el padre o la madre de la criatura, o una nueva pareja). Sólo cuando la relación de pareja es saludable y está bien atendida podremos tener la capacidad de dedicar el mejor de nuestros esfuerzos a los hijos. Así es que funciona el juego.

No te puedes divorciar de los hijos

Hay padres y madres que cuando firman una sentencia de divorcio entienden que el resto de sus vidas deberán dedicarse a hacerle la vida imposible a su ex-pareja. En el pasado, los hombres “jodían” a las mujeres con el aspecto financiero, ya que solían ser sólo ellos quienes sostenían económicamente el hogar. Al romperse el vínculo, la mujer, muchas veces sin preparación (porque tenía que ser ama de casa y esposa a tiempo completo, ya que era mal visto que descuidara su hogar por estar “perdiendo el tiempo” en una universidad o un trabajo) quedaba totalmente a merced de lo que el ex-esposo se dignara a regalarle casi como limosna.

Hoy día las cosas son bastante distintas, ya que en general el sexo femenino se ocupa mucho más en su crecimiento personal y en agenciarse recursos propios para su sustento y el mantenimiento del hogar. Por eso, cuando sobreviene el divorcio, ya los hombres no tienen mucha cancha para “joder” a la mujer en el aspecto económico, pues posiblemente a ellas les vaya mejor solas que mal acompañadas. En ese sentido, el “arma favorita” de muchos hombres para hacerles la vida imposible a sus ex-parejas, resulta ser los hijos.

Las leyes vigentes sobre custodia, manutención, régimen de visitas y manejo de la paternidad son siempre odiosas. Su interpretación mantiene bien ocupados a los abogados especialistas en casos de familia y las fiscalías barriales que tienen que ver con niños, niñas y adolescentes se mantienen en plena ebullición todos los días. Pero en el fondo, la realidad es que son necesarias las leyes, los tribunales y las asesorías de psicólogos infantiles, porque existe un número creciente y alarmante de padres (y madres en menor escala) que buscan todos los medios posibles para “vengarse” de sus parejas ejerciendo abuso psicológico, económico y (tristemente) físico, no solamente contra su ex-pareja, sino contra sus propios hijos.

¿Por qué hay tantos “padres” (comillas a propósito) que se esfuerzan tremendamente en “forzar el mingo” para pulsear contra la madre, inclusive yéndose a tribunales, nomás para complacer sus caprichos y sus insensateces? Sé que existen casos de madres abusadoras, pero estadísticamente son casi irrelevantes comparados con los energúmenos que se valen de relaciones y abusos de poder para ponérsela en Pekín a una madre que quiere ver a su hijo bien encaminado. Y no sólo buscan imponer sus caprichos sino que mantienen un prolongado tira-y-jala con los costos de manutención, buscando minimizar su aporte hasta la ridiculez, sin entender que se trata de la manutención de su propio hijo o hija.

Todo está escrito

Si algo he aprendido en mi propia experiencia como padre divorciado es que nada, nada en absoluto que tenga relación con la crianza de mi hija pasa sin quedar registrado en algún lado. Y esto aplica para todo padre o madre divorciado. Todo queda asentado en uno o varios libros. Algunos de estos registros se hacen en libros físicos (pagos, cuotas, regalos, etc), pero la mayor parte de los renglones se escriben en un libro invisible pero más presente y real que cualquiera que podamos tocar: El corazón de nuestros hijos e hijas.

Como dije al principio, nunca comprendemos la paternidad hasta que nos toca vivirla. Por eso nunca logramos comprender cómo funciona el alma de nuestros retoños, pero créanme: nada les pasa desapercibido. Todo lo ven, todo lo anotan, todo lo registran… y al final, todo lo usan. Todo lo que hoy hacemos cuando ellos son pequeños y “no comprenden las cosas de los adultos”, en realidad sí se guarda. Y lo más importante es que la tinta que usan nuestros hijos e hijas cuando escriben sus memorias sobre lo que hacemos con ellos es indeleble, es veraz y suele ser, con el tiempo, el verdugo más implacable de todos.

En fin

Es vital que comprendamos que la pamaternidad no es cosa de echar pulsos. Hace falta que ambos padres, estén juntos o divorciados, asuman su papel de padres con el objetivo de que los hijos e hijas se desarrollen en plenitud. Las batallas (psicológicas, económicas, privadas, públicas o legales) siempre tienen como primera y principal víctima a la criatura que trajimos al mundo.

2 Comments Tres columnas de la “pamaternidad”

  1. Dora

    Como hija de Padres divorciados, puedo confirmar lo que indicas en el párrafo de “todo queda escrito”, estoy totalmente de acuerdo.

    Recuerdo que en casa fue lo contrario a lo que explicas en tu post. En mi caso, mami se encargó de hacer le la vida imposible a papi, no nos dejaba verlo, no nos dejaba salir con él, no nos permitía ir a su nueva casa, y obvio que se acabaron los viajes con él, ni siquiera a la Matica de Boca Chica, recuerdo que hasta le prohibió que pasara por nuestra calle (jejejejeje, sí, mi mamá es muy pasional). En cualquier otro caso el “padre” se hubiera excusado en “su mamá no deja que yo los vea” y ya… se olvida de que tuvo hijos, sobre todo si forma una nueva familia y tiene más hijos con su nueva pareja. Sin embargo, papi nos llamaba por teléfono a escondidas, y a escondida lo esperábamos en la esquina de la casa para que nos pasara a buscar y compartir con él. Puedo decir con toda propiedad que fue siempre el primero en felicitarme para mi cumple, y no vivía ya en casa. Y eso, como dices Darío, se queda “escrito”.

    Yo no tengo hijos, pero espero si llego a tenerlo poder tener la sabiduría de criarlos causándoles el menor daño posible. Como dijeron en Criminal Minds una vez: “Children begin by loving their parents; as they grow older they judge them; sometimes, they forgive them” (Oscar Wilde)

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  2. Dilia Leticia Jorge Mera

    Hola Darío. Hoy es que puedo leer este post. Me parece muy interesante y muy real lo que dices. En el párrafo “no te puedes divorciar de tus hijos” es una realidad, pero lo que he aprendido en mi práctica es que cuando llega a un caso de familia a los tribunales es, en la mayoría de los casos, porque uno de los dos padres tienen un problema emocional no resuelto, y lamentablemente quienes pagan al final por todo ese lío son los hijos. Con relación a lo que dice Dora estoy totalmente de acuerdo con ella y con lo que tú dices también. Los niños registran todo y eventualmente ellos crecerán y se darán cuenta de quién es quién y qué fué qué. Como dices también al final, sobre echar el pulso, los americanos le dicen “tug of war” que es como a ver quién hala más duro la soga. Lamentablemente al final la soga se rompe por lo más débil, los hijos. Escribí un post una vez sobre ese tema: http://familiaymas-dilia.blogspot.com/search?q=tug+of+war

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