Reportando desde Inception

Desperté hace 20 minutos. Se me perdona, ya que es domingo, quizás el único día en que puedo darme este lujo. Pero en fin, el punto es que escribo hasta sin haberme cepillado los dientes (prometo no abrir la boca), porque he despertado de un sueño tan vívido, tan realista, tan “correcto”, que hasta tuve una salida definida para decidir irme del sueño y abrir los ojos. Estoy realmente asombrado.

El sueño empezó en el Parque Independencia. Estaba caminando y viendo una de las exposiciones que cuelgan en el perímetro. Iba justo recorriendo la acera sur del parque cuando vi una de las fotos muy familiar. Era una foto de la Cafetería Dumbo la cual estaba colocada justo al frente de la cafetería en la vida real. Coincidencia, pensé, pero mientras más miraba la foto y volteaba a ver la Cafetería Dumbo, me daba cuenta de que algo era extraño.

Así fue que me di cuenta de que la Cafetería y la foto formaban una especie de “efecto espejo”. Pensé que era una casualidad, pero no. Era una especie de portal de realidad aumentada y me di cuenta de que según miraba la foto y movía la cabeza, el contenido dentro de ella también se movía correspondientemente mostrándome otros locales cercanos, todos con su apariencia de aquellos años.

En eso, un automóvil (antiguo hoy, pero de la época en la foto) pasó de derecha a izquierda y lo seguí con la mirada hasta que no pude “torcer” más la cabeza. Y vi unas figuras geométricas moradas, blancas y verdes. ¿Casa Pérez? No lo podía creer, y fui acercándome a la dichosa foto, con lo que ampliaba mi perspectiva y efectivamente, la emblemática Casa Pérez estaba ahí, abierta y llena de vida. Fue entonces cuando sin saber cómo, me metí a la foto y todo mi entorno se ambientó en los años ’60. El Parque Independencia desapareció y en su lugar estaba la glorieta (que nunca había visto sino sólo en fotos), los carros de concho eran capota roja o capota blanca y todas las personas tenían vestimentas requete viejas, con sombreros, sacos y chaquetas, y las señoras con esos brassieres pin-up que les ponían los senos como dos gorritos de cumpleaños.

En mi asombro también estaba extasiado. Viajar en el tiempo siempre ha sido un argumento fascinante, y yo ahora lo estaba viviendo de lo más normal. Me encaminé a la Casa Pérez y entré. No parecía un supermercado, sino un gran delicatesen, las vitrinas tenían donuts, quesos y cosas de repostería. Pero me di cuenta de que la gente me miraba raro. Supuse que estaba vestido muy moderno para el ambiente, y un señor mayor, harapiento, pero con cara amable, me dijo que mis gafas eran muy feas. Entonces me di cuenta de que llevaba puestas unas gafas como Ray-Ban, pero con cristales de reflejo (jamás he tenido gafas así). Me las puse de nuevo y ya no recuerdo qué dije en respuesta.

Lo próximo que recuerdo es que un dependiente me preguntó si deseaba comprar algo y respondí “Sí, pero dudo que aceptes mi dinero”. Y el viejo harapiento se me acercó más y me dijo que le mostrara mi dinero. A su vez, él sacó de su bolsillo puras monedas de centavos, papeletas de 1, 5 y 20 pesos (de 10 no me mostró), y su malograda cédula que era el viejo librito de papel. La cédula empezaba con 45, pero los demás números estaban ilegibles. Y mientras veía la cédula del señor, recuerdo claramente que me decía para mis adentros “memorízala, memorízala, que eso es importante”. ¡Se los juro!

Yo saqué una moneda actual de 1 peso y le dije a mi contertulio que esta era la moneda más pequeña que había “en la República Dominicana del futuro”, y el tipo sonrió. No tenía miedo ni asombro, pero en eso se acercó otro viejo, mucho más alto, con una camisa color zapote y el rostro de pocos amigos. Me preguntó quién era yo y le respondí que me llamaba “Belarminio Raposo” (en la vida real, este es un nombre que suelo decir cuando no quiero dar mi nombre verdadero, además de “Pedro Guerrero, pero no el pelotero”). Entonces aparecimos en un callejón que era cercano porque veía la glorieta al fondo. Comencé a contarles eventos de lo que sería su futuro, como el ciclón David en 1979, el suicidio de Antonio Guzmán en 1982 y no recuerdo qué otras cosas. Lo que sí recuerdo es que el primero de los viejos me miraba absorto, y me daba la impresión de que no sabía si creerme o reírse.

En mi sueño recordé la escena de Back to the Future II donde Marty McFly intenta traer un almanaque de béisbol del futuro para hacer apuestas, y yo pensé que lo ideal era darle una información valiosa para que el viejo apostara. Sólo me acordaba de que los Diamondbacks de Arizona habían ganado la Serie Mundial de 2001 ante los Yankees de Nueva York, pero estaba seguro de que ese viejo de los años ’60 no iba a llegar vivo al nuevo siglo.

Entonces me di cuenta de que el otro viejo, el alto, andaba buscando un policía y no creo que fuera con buenas intenciones. Estaba como a 50 metros de mí, bajando la calle Pina, y cuando me di cuenta de que estaba en peligro, miré a mi absorto viejo y me di cuenta de que él y todo el background estaba empezando a “descascararse”, como si fuera un efecto pixelating en Photoshop aplicado sucesivamente.

El viejo de la camisa color zapote se acercaba, mientras mi absorto contertulio tenía ahora cara de susto y se desmoronaba ante mi mirada. Noté un alboroto y vi que en el jardín de la glorieta donde hoy está el Parque Independencia se había formado un extraño tornado. La gente miraba llena de temor, pero yo supe (no sé cómo) que tenía que meterme en el tornado porque esa era mi salida. Miré al viejo que se desmoronaba y me despedí diciéndole “tengo que irme ahora”.

Lo más bacano es que me acerqué al tornado que empezaba a desbaratarse y literalmente lo halé hacia mí ante la mirada incrédula de todos los testigos que gritaban de miedo. En la Palo Hincado, mientras el tornado me engullía y yo ascendía, recuerdo una señora que me miraba tranquila, y que era idéntica al rostro apacible de mi Tía Fantina la última vez que la vi con vida.

Y entonces, todo se puso oscuro, sentí que caía libremente… y yo desperté en ese momento sobrecogido por tanto realismo.

Nunca había tenido un sueño tan “Inception-alike” como este. ¿Y ustedes, qué cosas han soñado con tanta vividez?

5 Comments Reportando desde Inception

  1. M.

    WOW! Se parece al tipo de sueños que yo suelo tener!!! Y yo he desarrollado un método para “saber” que estoy en un sueño si no me gusta y despertarme: dentro del sueño, si la escena es muy rara o irreal/surreal, suelo “peinarme” la ceja derecha. Si no siento el dedo (como debe de ser), sé que es un sueño y busco la “salida” hasta despertarme. Todavía no me sale muy bien “salir” fácilmente, pero por lo menos puedo cambiar el giro y digo “es un sueño” dentro del sueño… lo que me ha ganado par de incomodidades dentro del sueño mismo (y par de galleta, jajajajaja!!!).

    En fin, que es chévere soñar así.

    Eso sí, que si salieron los números que viste y no los jugaste, te estarás revolcando de la rabia todavía, jajajajajajaja!

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  2. Lisselot

    Wow, qué envidia te tengo (y a todos los que tienen esa capacidad de soñar tan vívidamente). Yo casi no me sueño, y cuando lo hago no recuerdo casi nada :'(

    Fue un sueño espectacular. ¿Viste Inception antes de acostarte o estabas pensando en eso?

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