¡No somos muchos!

Me uno al concierto de los desencantados, de los desesperanzados, de los hastiados de la bajeza de conceptos y del asqueante olor a podrido que emana del Congreso dominicano, a raíz de las llamadas “reformas” a la Constitución. Soy testigo de cómo este grupo de azarosos han ido convirtiendo nuestra constitución en todo un mamotreto, que sin duda alguna responde a intereses políticos, empresariales, comerciales y religiosos. Por eso, aplaudo la protesta que inunda nuestras calles y que reza “Esa no es mi constitución”. No la es. No me representa.

En medio de la crisis, de la olla, del hambre y la escasez, los que tenemos acceso a la palabra por cualquier medio, estamos mostrando con firmeza nuestro descontento. Y algunos se han dado cuenta, como consta aquí, y al menos en teoría, parece que dentro del mismo congreso hay roces, como se establece acá. Pero no es suficiente. Hace falta que más voces se unan al reclamo, porque aunque nos estamos haciendo sentir, aún no somos muchos.

En la era del Twitter, el Facebook y los blogs, tenemos una ventaja sobre tiempos pasados, y es que los usuarios de estos sistemas podemos organizarnos mejor y expresarnos con más efectividad y esperanza de encontrar eco en otras mentes. Por eso, veo con mucho entusiasmo que las convocatorias a protestas cada día tienen más fuerza y acogida. La más memorable, sin dudas, fue el Concierto por Los Haitises, que generó una presión tal que al menos momentáneamente se detuvo la Cementera.

Hoy día tenemos la campaña “Esa no es mi constitución” y se planea hacer una protesta presencial frente al “congreso” dominicano el próximo viernes, en trajes de baño, en alusión al tollo que han hecho los cabrone… digo, los asambleístas al vedar las playas y ríos del país a nosotros “la turba barrial” como nos llamó un azaroso de ellos.

Sin embargo, a pesar de que estos movimientos están calando en la juventud, tenemos que ser sensatos. ¡NO SOMOS MUCHOS! No somos tantos como deberíamos ser. No tenemos tanta fuerza como para producir grandes cambios. La intención está, y el ánimo es fuerte… pero tenemos un enemigo demasiado grande qué vencer: Nosotros mismos. Nosotros como pueblo, como colectividad.

Los que tenemos conciencia, los que podemos analizar las cosas, los que tenemos memoria duradera, con todo y que somos varios miles, aún somos muy pocos. ¡Piénsenlo! Como nosotros hay MUY POCOS en este país donde la educación es un chiste, y donde desde niños lo que se enseña es CORRUPCIÓN, como bien lo avalan las trampas en las pruebas nacionales.

No somos muchos, amigos… somos demasiado pocos. Por eso no podemos vestirnos de confianza. Tenemos que ser como los evangélicos más radicales que van casa por casa a predicar sus ideales. Tenemos que difundir la verdad de lo que hacen estos carajos a la vela que se pegan de la teta del Estado para su propio beneficio. Tenemos que lanzarnos a concientizar a la gente que por cualquier razón tiene menos acceso a la información, o que tiene urgencias más inmediatas que las que tenemos nosotros.

Antier veía en las noticias que ya el PLD estaba inscribiendo precandidatos para los puestos que se van a rifar el próximo mayo. Las fílmicas mostraban en Santo Domingo Este el berecumbé que se armó entre ellos mismos, entrándose a trompadas para buscar “apoyar” a cualquiera que consiguió dinero suficiente para inscribirse, bajo la premisa de que podía “pegarse” con él en una regiduría, sindicatura, diputación o senaduría. La semana pasada vimos como el PRD peleaba internamente por rifarse su propia piñata, aunque al final, al menos aparentemente, se calmaron los ánimos. Los partidos políticos tradicionales (incluyendo por supuesto al PRSC) son fincas de ladrones y vividores que tienen interminables colas que podríamos pisar, que debemos pisar. Son tan escasos los ejemplos de personas no contaminadas en esos tres antros de corrupción (PLD, PRD y PRSC) que realmente no tienen peso específico. Además, el solo hecho de que una persona seria permanezca en esos partidos, ya los hace cuestionables para mí.

En fin, que todos los políticos tradicionales, en los partidos de siempre, no son más que LA MISMA COSA (y cuando digo “cosa” estoy pensando específicamente en material sólido-pastoso que se lanza sentado en una letrina o sanitario por uno de los orificios que tenemos los seres humanos).

Los diputados y senadores que tenemos hoy día, salvo muy escasas excepciones, no son más que borregos que siguen una línea trazada desde arriba. ¿Para qué coño necesitamos tantos levantamanos, si no tienen capacidad de razonar por sí mismos, si no son capaces de imponer sus criterios, sino que necesitan que el Poder Ejecutivo o la dirección de su partido les trace una pauta? Y ahora ya no serán 178 diputados, sino 190. Habrá doce nuevos “soldados de la democracia” que pasarán a chupar de la teta. ¡Genial!

¿Alguna vez cualquiera de ustedes ha hablado con un diputado? Más aún, ¿alguno de ustedes sabe el nombre del diputado que le toca en su circunscripción? Apuesto que no. ¿No se preguntan entonces, cómo salen elegidos estos zafacones andantes? Sencillo, porque en lo único que trabajan bien todos ellos es en hacer su labor de evangelización. Utilizando nuestro dinero (y lo que les regala la JCE, que al final también es nuestro dinero), procuran convencer a la gente común. No a nosotros, ya que nosotros somos demasiado inteligentes y avisados como para tragarnos sus espúreas ideas. Y como ninguno tiene realmente un proyecto, se van donde la gleba a hacerles una paja mental con un par de miles de pesos, un pote de ron y un picapollo.

¡Ahí es que prende!

ESA GENTE, los que salen de sus casas con la cachucha de turno y la banderita del color que paga el día, los que venden su conciencia y su voto, esos son los que nos van a joder el próximo mayo. Esa masa humana es ENORME, nos superan en número en proporción tremenda, son simplemente demasiados!

El problema de nuestro sistema democrático es que el voto mío o tuyo vale exactamente lo mismo que el voto de cualquiera de ellos. Al final no gana la opinión de la mayoría, sino que gana el que logre convencer a más gente con cualquier argumento, por ridículo que sea. ¿Acaso el año pasado Amable no buscaba votos lanzando marranos a la gleba? ¿Acaso no nos han pedido votar por alguien a cambio de mil pesos? ¿O nos han ofrecido dinero para “guardarnos” la cédula por dos días?

¿Quién de nosotros votaría por un hombre o una mujer que use esos medios para granjearse la simpatía de la gente? NINGUNO de nosotros lo haría, porque sabemos bien que esos métodos son inservibles, que no hablan de proyectos claramente, que no dicen nada, que sólo tapan el hambre de tres días, mientras ellos cubrirán sus gastos no por cuatro años sino por SEIS AÑOS, ya que arreglaron la vaina para “unificar las elecciones en el 2016.

Yo no quiero sonar “clasista” ni “frutafina”, pero entiendo que las personas de escasos recursos, los que tienen lamentables deficiencias de educación, civismo y conciencia de sus actos, son los que nos tienen anclados en el atraso. No los culpo, porque actúan según lo que entienden que es lo mejor para ellos, pero no se dan cuenta de que sus acciones repercuten en todo el país. Esa masa humana, esa gran parte de nuestra población, es el problema. ¿Por qué? Porque les falta valorar el voto, no saben ejercerlo con plena conciencia y con discernimiento. Y votan por el más bonito, o por el que hable más paconga. Y así, amigos, no vamos a salir nunca de este lodazal.

Nosotros, los que tenemos un poco más de raciocinio, los que sabemos lo que se mueve entretelones, somos los llamados a evangelizar a los que no tienen esa capacidad. Somos los llamados a educar a la masa humana que siempre se vende al que le ofrezca un chin más.

Nadie de esa masa humana sabe realmente lo que vale un voto. Ninguno de ellos lo entiende. Ninguno se da cuenta de la fuerza que se le confiere al acudir a una urna, nadie de ellos valora esos segundos en los cuales cada uno de ellos es el ser humano más poderoso del planeta. Para esa masa de gente llena de carencias y escasa de visión, ir a votar es simplemente un día libre para hacer una diligencia y después jugar bingo o dominó.

¡Abramos los ojos, amigos! NO SOMOS MUCHOS. No se traguen esa ilusión que es totalmente falsa. NO somos casi nada, porque los que tenemos esta conciencia somos demasiado pocos todavía. Tenemos que evangelizar, explicarle a esa gente de la masa, que los han engañado mucho, todo el tiempo. Hay que hablarles duro, hay que sacudirlos, hay que zarandearlos y buscar que reaccionen. Y tenemos que hacerlo continuamente, porque los hijos de su maldita madre que van a rifarse el país el próximo mayo van a ir donde ellos. En eso sí que son diligentes los malditos. Van a poner anuncios en la televisión, en la radio, en todos los periódicos, con sus malditas caras sonrientes, prometiendo todo lo que nunca van a hacer. Y si no revisitamos a la crédula masa humana, nuestros esfuerzos de convencerlos de que no voten con el estómago, se va a ir a la mierda.

Nuestro país JAMÁS va a cambiar mientras los que votemos con conciencia sólo seamos nosotros, los mismos tres gatos de siempre. Para darles una bofetada en la cara a estos malditos azarosos hijos de la gran puta, tenemos que derrotarlos con sus propios métodos, tenemos que hacer que la masa humana que siempre los apoya, les niegue su apoyo.

Señores, NO SOMOS MUCHOS. Pero no podemos desanimarnos, ya que este país SOLO cambiará cuando NOSOTROS (los que tenemos memoria, conciencia y raciocinio duradero) realmente seamos mayoría en este país.

5 Comments ¡No somos muchos!

  1. Lizzye

    Totalmente de acuerdo contigo Darío.
    “La intención está, y el ánimo es fuerte… pero tenemos un enemigo demasiado grande qué vencer: Nosotros mismos. Nosotros como pueblo, como colectividad”
    La mayoria de las personas de este paisito lo que le gusta es que le den par de pesos, funditas y demas y con eso tienen, le importa un pepino lo que los politicos hagan con la constitución.

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  2. Argénida Romero

    Te has acercado a un punto que descutía mucho en estos días. De verdad pienso que es un proceso que hay que seguir educando a la gente,, como lo señalas. Al menos somos pocos, pero como tú dices, no nos podemos dormir en esos laureles.

    Existen espacios sociales y comunitarios que pueden servir para hacer ese trabajo. Algunos, como Justicia Global (con sus cosas buenas y malas) han llevado educación sobre varios aspectos de la vida social a las comunidades. Pero son pocos.

    Hay que pensar en acciones que nos masifiquen. Ahí la cuestión.

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  3. alejandro

    men dame tu email, que quiero hablarte de algo. Me fascino lo que acabo leer de ti aqui. Bastante interesante. Recoge buena parte de la realidad, en resumidas cuentas, de nuestra realidad.

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