“Papi, boté mi dinero”

Album de contrariedades

Album de contrariedades

Me entusiasmé muchísimo cuando conocí el álbum Aves de mi país, al punto que escribí un motivador post donde saludaba el proyecto e invitaba a mis lectores a participar con sus hijos en el llenado de ese álbum. Mi hija Vielka estaba verdaderamente motivada y en no pocas ocasiones le pidió a su madre, a su abuela Mildred (mi querida madre) y a mí, que le comprásemos más sobres de las postalitas, fichados en 25 pesos cada uno por siete postalitas.

Vielka tenía tanta ilusión con llenar el dichoso álbum, que hasta accedió a invertir parte de sus pequeños ahorros de monedas para comprar algunos sobres, acción motivada por mí en el interés de ayudarla a comprender el valor de las cosas. Con toda la alegría que cabe en una niña de siete años, depositó todas las monedas que llevaba en la mano para adquirir cuatro flamantes sobres de postalitas comprados en un supermercado Pola. Pensé que era una excelente manera de ayudarla a ayudarse… pero no me salió bien la jugada.

Mi niña abrió los sobres y mientras lo hacía y examinaba su contenido su rostro fue cambiando de ilusión a desengaño hasta que terminó acumulando 28 nuevas postalitas repetidas que se sumaron a las ya muchas que teníamos en casa. La carita de Vielka en ese momento era una mueca y me dijo con amargura “Papi, boté mi dinero”. Obviamente, mi niña se sintió estafada (y como es de comprender, me tocó a mí, como mecanismo de compensación, reponerle sus 100 pesos de ahorros y des-enseñarle a gastarlos en postalitas).

Confieso que desde ese momento le perdí mucho interés al famoso álbum, y creo que Vielka también se desanimó… aunque no suficiente. Su madre, a través de la empresa donde labora, fue ayudándole a conseguir más y más postalitas en una eficiente “red de intercambio” que se formó entre todos sus compañeros de trabajo. El tráfico de postalitas abarcaba hasta ciudades del interior, cosa que Vielka me comentaba con lujo de detalles: “Papi, conseguimos la #100 que nos la enviaron de San Pedro, ¡esa era una viga!”. Al inicio de Julio ya sólo le restaban 10 postalitas a Vielka y ya para la semana pasada sólo tres.

Acudí con ella varias veces al Multicentro Churchill, en donde (como en otros locales de Multicentro) la gente de ALEDUM había colocado carpas y personal para vender (a 25 jáquimas cada una) las famosas postalitas vigas y de esa manera completar los álbumes. Llegué a ver padres y madres con cuatro álbumes bajo el brazo, afanando por llenarlos mientras negociaban entre ellos por conseguir las escurridizas postalitas faltantes que no tenían ya en la carpa.

Sé que Vielka estaba empecinada en llenar su único álbum (estuve tentado a comprar más de uno, pero por suerte resistí la tentación). Me pidió muchas veces que volviéramos a las carpas, lo cual hice sólo para escuchar las mismas excusas. “Ya se nos acabó la #2, vuelva mañana”; “La #44 aún no la han traído, esa sale el miércoles”; “Bueno, la #12 yo supe que en Herrera la tenían”… Pero el negocio no se detuvo para ellos.

¿Qué aprendí?

Lo más importante que aprendí es que mi hija no se rinde en esas cosas. Después del desencanto de las 28 repetidas pagadas con su dinero, pensé que olvidaría el asunto tanto o más que yo mismo, pero no fue así. Quizás esta es la mejor de las enseñanzas, y definitivamente la única que me agradará recordar al pasar el tiempo. Luego, aprendí otras lecciones no tan felices.

Pienso que ALEDUM manejó muy pobremente el tema de las postalitas “vigas”. Empezando por el hecho de que no hay motivos ni razón para que existan las jodidas postalitas vigas. El objetivo de un álbum infantil NUNCA debería ser “ponérsela en China” a la gente, sino que sea fácil y fluido el llenado, a fin de que la atención se concentre en APRENDER lo que traen las postalitas, no simplemente a buscar un número sin significado por sí mismo.

¿Qué se gana con llenar el álbum? NADA. Sólo se adquiere el derecho a participar en un sorteo junto con tooooodos los demás que hayan llenado su álbum. ¿Entonces? ¿Tanta PELA y tanta RUEDA, para no ganar nada por llenarlo, sino sólo la pálida, ténue, débil, remota, minúscula y pírrica oportunidad de estar en una tómbola y ganarse un Nintendo DS? ¿Se justifica tanta lucha para un consuelo tan ridículo? El factor dificultad debe existir, ¡pero jamás debe ser algo que trastorne la paz familiar de esa manera por el solo hecho de que no aparezca la jodida cotorra!

Pienso que aprendí que no tengo que entusiasmarme tan aceleradamente con un álbum de postalitas. Yo le hice un favor muy grande a ALEDUM promocionando su álbum en mi blog, hablando del mismo entre mis amistades, haciendo una cadena de intercambio. Al final del cuento no había que esforzarse en conseguir las postalitas difíciles, sino sólo esperar que ALEDUM pusiera sus esplendorosas carpas e ir por allá a completar las que nos faltaran. En otras palabras, nada de emoción. Un simple procedimiento transaccional, donde no se aprende nada.

Aprendí también que debemos tener más sensatez a la hora de invertir dinero en estas cosas. No me mal interpreten, yo creo que el álbum es una belleza y tiene un valor impresionante como galería de nuestra fauna aviaria. Sin embargo, estimo que entre la madre, los abuelos y el padre de Vielka, compramos entre 150 y 200 sobrecitos de postalitas, a 25 pesos cada uno. Es decir, entre 3,750 y 5,000 pesos en conseguir entre 1050 y 1400 postalitas, de las cuales sólo 144 eran necesarias. Con ese dinero (que aunque no sea una millonada no nos sobra tampoco) hubiésemos podido comprar cualquier buen libro de fauna aviaria nacional o internacional y obtenido un efecto similar. Sí, ya sé que no es lo mismo, pero ¿se entiende el punto?

Aprendí que no debo ser tan iluso de creer que realmente van a salir premios instantáneos en las postalitas. A mí no me salió ni un pincho de regalo, y no conozco a NADIE que haya encontrado ni una greca de premio en ningún sobre. ¿Qué pasó ahí?

Tengo entendido que en el futuro vendrán más álbumes. Supuestamente el siguiente es sobre mariposas (eso me dijo una persona de las carpas). Si ALEDUM no corrige su pésima y deficiente distribución de postalitas, sospecho que su segundo álbum va a ser un sonoro fracaso. Percibo un descontento tremendo en todos los padres que he cuestionado al respecto, y las expresiones más comunes son “eso es un robo”, “me dejé coger de pendejo”, “yo no vuelvo a caer en este gancho” y cosas similares.

A mí me gustó muchísimo la idea. Al principio, fue sumamente divertido y retador llenar las postalitas, pero luego de las primeras tres semanas de ajetreo, la cosa se puso demasiado lenta, evidenciando el pésimo “timing” de ALEDUM. Si las postalitas vigas hubieran estado circulando con más soltura, no habría sido necesario colocar carpas no gastar en personal.

Pero bajo estas condiciones, que conmigo ni con Vielka cuenten para más juegos.

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