El makey

El makey carga con su casa a cuestas

El makey carga con su casa a cuestas

Es curioso, pero hay muy poca información sobre el makey en Internet. Probablemente sea porque se trata de un nombre muy dominicano con el que denominamos un crustáceo que en el resto del mundo se llama “ermitaño”. La principal característica de este animal es que a pesar de tener siempre una concha, la misma no es propia. Él se muda en conchas de moluscos muertos, pasando a ser el nuevo inquilino hasta que crece mucho y la casa le queda pequeña. Cuando eso ocurre, se pasa un tiempo buscando otra concha desocupada, y cuando encuentra una se muda a la nueva.

Recuerdo en mi niñez, cuando solía frecuentar Las Terrenas, que los cangrejos de tierra abundaban en todas partes, al punto que podías escucharlos caminar sobre las hojas secas y hacer un sonido súper misterioso y curioso. Los makeyes eran mis favoritos, porque eran todos distintos… porque cada makey se instalaba en una concha que le sirviera, la cual no necesariamente se parecía a la del siguiente makey. En esos años, por primera vez, escuché el comentario de que el makey es un nómada sedentario, pues se traslada a todas partes, pero lleva consigo su casa donde quiera que va.

Creo que fue ese comentario el que me hizo pensar hace muchos años que mi padre se asemeja bastante a un makey. Uno enorme.

Desde el año 2000, la residencia oficial de mis viejos está en Las Terrenas, en la casa que construyeron hace más de treinta años, ubicada a escasos 60 metros de la playa. Por esa razón, desde niño, conocí ese paradisíaco lugar por dentro y por fuera, de arriba abajo y con lo de adentro p’afuera. Las andanzas, aventuras y anécdotas que tengo de mis cientos de viajes a Las Terrenas son tantas que no sé si algún día me anime a contarlas… ¡porque me abrumarían!

La cuestión es que al ir entrando en edad mis padres, sobre todo “Donda” como se conoce a mi viejo, se hace más necesario que vengan a Santo Domingo, para fines de chequeos y análisis médicos, y atender asuntos suyos que ya no se manejan por teléfono, etc. Lo que me resulta impresionante es que a medida que envejece, mi padre se ha ido convirtiendo en un makey más grande y se muda con cada vez más tereques a pasarse un mes conmigo. Es increíble la cantidad de minucias que es capaz de encaramar en su jeepeta… tantas que hace varios años ya no caben todas en ella y desde entonces le paga a “Guate”, un señor de Las Terrenas que hace viajes interurbanos desde allá a la Capital, para que venga con su propio minibús repleto de todos los corotos que no caben en la “dondapeta”.

El viejo Monty

El viejo Monty

Cuando yo era muchacho, mi viejo tenía un (siempre bien recordado) Chevrolet Montecarlo rojo. En ese vehículo fue que hicimos los primeros viajes, y aunque era bastante amplio, nunca podía almacenar más de dos neveritas de playa, mucha ropa, algunos juguetes y tooooda la comida que íbamos a consumir. Treinta años atrás, Las Terrenas era una hilera de casuchas (la filita que hoy son restaurantes y cafés, donde está Pizza Playa). No había electricidad, ni supermercados ni ninguna de las comodidades que hay hoy día.

Algunos años después, compró un minibús Volkswagen donde cabían más cosas. A mediados de los 80 lo cambió por un Mitsubishi L-300 de gasoil (uno de los primeros vehículos que manejé) y luego por otro L-300 de gasolina (que heredé). Cuando salió el famoso juego de Tetris, yo me di particularmente bueno en ese videojuego, porque ya tenía muchísima experiencia “encajando” todos los tereques que había que montar en los minibuses para mudarnos de Santo Domingo a Las Terrenas, para a los dos días volver a aplicarle PK-ZIP a todo para regresar.

Mi padre no viaja. Siempre se muda. En los años 70 tenía una tremenda colección de LP’s y cassettes. Con frecuencia viajaba con el minicomponente AIWA y una parte importante de aquella “musicoteca” para escuchar durante la estadía las mismas dos o tres cintas repetidas hasta la saciedad (energizado con una planta eléctrica que a veces también viajaba con nosotros). Luego vinieron los discos compactos y la historia cambió de medio pero no de procedimiento.

Con la comida pasaba algo parecido, ya que en Las Terrenas hasta bien entrados los años ’80 no habían supermercados confiables (salvo el almacen de los Paiewonsky en El Portillo), había que llevar tooodo lo que nos íbamos a comer. Y a veces habían vigas de pan que iban y regresaban, así como medios “conflés” y muchas cosas que no nos gustaban mucho.

Con el tiempo mi madre fue haciendo entrar en razón a mi viejo, y empezaron a dejar cosas como toallas, sábanas, latería y electrodomésticos… pero los crecientes casos de robo y vandalismo dieron al traste con gran parte de ese plan.

Hoy mis viejos regresaron a mi apartamento a pasar su dosis trimestral de análisis y citas médicas. Guate, sus dos ayudantes, dos serenos y yo hicimos en total 23 viajes al parqueo para “mudar” todo lo que vino en la “dondapeta” y el minibús. Conté más de 55 cajas, bultos, maletas, fundas, neveritas conteniendo sin dudas una mudanza completa. Creo que no se trae las puertas y el tinaco de agua porque no caben en los dos vehículos.

Al final, creo que no, no es un makey. Mi padre tiene que ser el abuelo de todos los makeyes del mundo…

9 Comments El makey

  1. M.

    I just fell in love with your dad! Podría ser mi soulmate, jajajajajajaja!

    Aunque yo desde que vine a vivir para acá, me convertí en una viajera con “minimalistic luggage”, jajajajajaja!

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  2. Alfredo

    hey que jevi, recuerdo cuando tuve mi primer makey, lo mate sin querer jungando con el, no sabia que eran tan blanditos.

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  3. Yenifer

    X fin encuentro algo sobre ellos tienes razon es muy dominicano el nombre jeje es k tengo tres en mi cuarto como mascotas son bien grandes jeje se k suena raro pero asi es !!!!!! Bn Lindo articulo bn hecho y x cierto tienes razon sobre lo de tu padre!!!! 🙂

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    1. Darío

      Hola Yenifer, jejejeje, gracias por el comentario 🙂

      Hace poco fui con mi hija al Acuario Nacional y me encantó ver que han puesto una exhibición de Makeyes casi en la misma entrada. Son verdaderamente chéveres ellos.

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