La javilla y la levente

Yo vivía en Altos de Arroyo Hondo, que bordea la cañada que pasa por el Zoológico, y del otro lado está Cristo Rey. Tenía una bicicleta BMX de las primeras, apenas contaba con 15 años, y era más flaco que una pierna mía hoy… pero na, aún así me iba a montear por toda esa zona (todavía sé andar por todos esos montes, o lo que queda de ellos). El caso es que andando y andando un día estaba cerca de la que hoy es avenida de los Reyes Católicos, pero que en esos tiempos era una calle sin tarvia (sólo estaba el puente, que lo hicieron cuando Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco no lo continuó). Y andando por ahí me encontré una chamaquita que por sus gestos se le notaba que tenía como el doble de su edad de experiencia pero aún tenía la carita de bebeleche (aunque pensándolo bien…)

El caso es que yo andaba solo ese día (a veces mi hermano Monón también monteaba conmigo y con otros tigueres de la zona, algunos de Cristo Rey que subían a jugar con “los riquitos”). Cuando la vi hice como el botellero del anuncio de Barceló y eché para atrás, y pendejo yo me quedé brechándola detrás de una mata de javilla. La chamaca tenía una faldita que gritaba jubilación y una blusita de las mejores que han inventado (bajaimama), y su nivel de alebrecamiento se le notaba en que no tenía nada abajo de la blusita, y aquello como que ‘taba sustancioso. Ella se dio cuenta desde el principio, pero se hizo la que no. Y yo, de idiota, pensaba que no me había visto. Ella estaba en jugadera con no recuerdo qué vaina en la calle, un galón de aceite, algo así… Empieza a mirar para donde está el pariguayo ciclista y yo a quedarme quieto pensando que había dejado las pastillas de chiquitolina y no me iba a poder poner invisible.

La levente se empieza a acercar como quien no quiere las cosas y yo pendejiando atrás de la javilla… yo no sé si ustedes saben que la javilla es un árbol jodón, porque su tronco está lleno de espinas (pero más gruesas, son como aguijones, aunque menos puntiagudos, el caso es que los puercos se arrascan con troncos de javilla, así que para ellos es jevy). Yo estoy detrás de mi javilla y la bicicleta tirada en el piso donde no se viera. A medida que la jevita se acercaba con sus teticas saltarinas, yo me debatía entre hablarle o hacerme el loco. ¡Sí, carajo! ¡Yo era demasiado pariguayo, ok? Al final, decidí salir de atrás de la javilla, pero entonces fue que oí una voz como un trueno atrás de mí y el mardito susto con lo que me cogió fue con abrazar la javilla… Después del consabido “mierda, me puyé” me voltié y detrás de mí con los ojos brotados había un tipo que sólo llegué a pensar que era el papá de la carajita killao, y en mis recuerdos era algo así como John Coffey el moreno enorme de The Green Mile.

¡Mardito susto, carajo!… agarré la bicicleta y me embalé… el moreno me cayó atrás voceando vainas… pero después de que estaba lejos me di cuenta de que estaba tirado en el suelo, privado de la risa, y yo por estar de idiota mirando para atrás, perdí el equilibrio, se cruzó el timón, y caí en un borde de un barranco, y me fui con ‘tó y bicicleta… hasta caer en un mardito monte que es común que usen como vertedero… el juidero de ratones y el bajo de arepa podría… diablos, aún lo recuerdo como si fuera ayer…

Más nunca pasé por ahí en la bicicleta… pero de vez en cuando cuando he pasado por esa zona (el año pasado, haciendo unas encuestas caminé por el sector) ando con las antenas paradas, pero seguro que me saldría una anciana de 38 años con las tetas por el ombligo y un ramillete de carajitos… así que mejor no…

3 Comments La javilla y la levente

    1. Darío

      Jejejeje, ese es un escrito viejo, de agosto del 2008… pero estaba revisando mi blog y como que me animo a re-compartir cosas viejas que me parezcan dignas de un re-run… 😀

      Me place que te agrade!

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