Un día de perros

Leyendo el blog de la Milonga, me dio curiosidad por entender la frase “un día de perros”. Esa frase me parece injusta (para con los perros, por supuesto) pues no debe ser agradable para ellos que nos queramos comparar con sus existencias distendidas.

Debe ser bonito ser perro. Es una existencia con muchas ventajas. Los perros son tenidos por fieles y leales, cosa que de por sí ya es ganancia, pues nosotros nos vemos unos a otros como indignos de la más elemental de las confianzas, y pareciera que todos llevamos un tatuaje en la frente que dice en Arial Bold a 72 puntos “no me creas nada que diga”.

Pero no, los perros no. Los perros hasta cuando se mean y cagan en la sala son tratados con más benevolencia que los humanos que hicieran algo similar. Y cuando están “asignados” a una casa en particular, por lo general se vuelven parte de ella, al punto que algunos perros son tratados como gente, y escuchas orgullosos a sus dueños decirles “Rocky Suárez” o “Blacky Cordero”, de manera que llevan el apellido del orondo animal que los posee. Ah, porque hay casos en los que no se sabe cuál de los dos –perro o dueño– es más animal. En fin, que hay caninos que hasta tienen más suerte que muchos hijos de la calle que nacen y mueren sin apellido.

¿Y los viralatas? Pues pienso que esos son los más felices de los animales. Sí, es cierto que se las ven muy feas cuando la comida escasea o se topan con una pandilla de sub-animales de dos patas y 10 años que los persiguen a pedradas, por el mero “placer” de joder. Pero dime tú, ¿qué mayor dicha que la libertad? El viralatas es simplemente libre. Puede ir donde quiera. Puede entrar donde quiera (claro, que esté al alcance de sus posibilidades). Salvo el tema de la seguridad y la comida, casi parece que el perro sin dueño es la criatura más autónoma del mundo. Probablemente extrañen el cariño de un dueño dedicado, eso no lo negaré… pero en el fondo, es mejor ser viralata sin cariño que perro de casa esclavo de los atropellos de unos demonios desalmados.

Y tal como me señala El Pequeño, también los viralatas tienen la libertad de despojarse de todo pudor y unirse a una orquesta de otros perros viralatas para ejecutar un concierto en guau mayor y tocar por turnos el “instrumento” de la perra en calor. Y lo hacen a la vista de todos, sea en un parque, una calle y la plazoleta de una recatada iglesia un domingo de misa. ¿Habrá algo más cercano al paraíso?

¿Un día de perros? Eso quiero tener siempre: Un día en que la gente me trate con confianza, un día en que todos me vean como digno de aprecio, un día en que se me alimente del cariño y la compasión, y un día en que, si nadie está a mi lado y el mundo entero me haya dado la espalda, yo mismo pueda decidir cuál zafacón voltear y dedicarme calmadamente a husmear en las podridas vidas de cualquier casa rica o pobre.

6 Comments Un día de perros

  1. El Pequeño

    Viejo, te falto lo mejor del viralata, puede tener sexo en donde le plazca, a la hora que sea, con la perra que sea (siempre y cuando esta lo deje!!!)

    Yo digo que, si existiera la reencarnacion, en mi proxima vida me gustaria ser un bendito perro viralata marca kaki!!!

    Lo chulo del caso es que cuando digo eso todo el mundo me mira raro, no sabiendo que la mejor vida se las dan esos animales.

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  2. Alexei Tellerias

    Lolazo digo yo… Blacky Cordero!!!!

    pero, con todos los lujos que les dan a los perros hoy día, tener una “vida de perro” no es nada envidiable, eh?

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  3. Anny

    Que conste en acta: que la Señorita (todavia) Blacky Cordero es una niña super mimada en su casa.. esa vive como una pachá!!.. la buena vidaza.

    Saludos Dario siempre te leo!

    Laigo!

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  4. Milonga

    ay no Dario, como quiera q sea no quisiera ser perro y menos viralata…jejejejeje……bueno, pensandolo bien quizas un poodlecito…q crees?… 🙂

    Chaus

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