Historietas

Cuando yo era niño, mi padre tenía complejo de Julito Hazim, por lo que a mi casa siempre llegaban tres periódicos cada mañana: El Listín Diario, El Caribe y Hoy. Durante un tiempo también recibimos El Siglo. Y no conforme, a veces en las tardes él compraba Última Hora o El Nacional.

En resumen, en mi casa siempre había material de sobra para ponerle a los perritos cuando meaban en la sala.

Creo que esa profusidad de prensa diaria fue lo que me hizo ser un temprano lector. Con muy pocos años yo leía ya al menos los tres grandes diarios cada mañana, y aunque no voy a presumir de que entendía las noticias políticas o económicas, sí me hice fanático de las historietas que salían en ellos.

Las leía todas. Sin excepción. Las habían de muñequitos como Donald, Mickey Mouse, Blondie (Lorenzo y Pepita, en su versión Rated G), superhéroes como Supermán, Batman, Spider Man y The Hulk, novelas como María de Oro, y muchas otras que reflejaban muchos aspectos de la vida diaria. Daniel el Travieso, Don Abundio, Trucutú, Garfield, Archie… uffff, montones de historietas y todas eran devoradas diariamente por mí. Reitero, todas sin excepción.

Era chévere eso, porque muchas de las historietas eran por capítulo, y había que recordar lo que había pasado el día antes para coger el hilo, recibir los dos o tres nuevos cuadros y esperar tooooodo un día para continuar. Y como yo las leía todas (sí, todas sin excepción, ya lo dije, ¿no?) era como si yo fuera el eMule y estuviera bajando 40 historietas simultáneamente, en trocitos de 10KB cada día.

Pero yo tenía mis favoritas, por supuesto.

Desde esa época me hice un admirador de Peter Parker, el foto-reportero frustrado que es picado por una araña radioactiva y se convierte en Spider Man. Me encantaba ver a Peter teniendo problemas cotidianos. Mary Jane le sacaba los pies a cada rato, J.J. Jameson lo despide y lo vive mandando a la porra con “m”, la tía May lo fuñe a cada rato porque anda dejando reguero… Realmente Spidey logró cautivarme mucho, pues se me antojaba un superhéroe con problemas de gente normal.

Lo que más me impresionaba de los poderes de Spidey era su capacidad de prever el peligro, el llamado “sentido arácnido” que lo ayudaba a quitarse del medio si un piano le iba a caer encima. Siempre he pensado que ese “poder” es pretty cool, y que sería jevy tener eso para saber cuándo un disparate que uno casi va a decir podría tener consecuencias no agradables, para no decirlo. Caramba, qué chévere sería poder tener eso y hacer un rápido undo a lo que iba a decir…

Otro de mis favoritos es Kit Walker, quien se viste de púrpura con una máscara negra y sobre su caballo Héroe junto a su lobo amaestrado Diablo toma la identidad de El Fantasma que Camina, el Hombre que nunca Muere, o simplemente The Phantom.

Kit Walker tiene el mérito de ser uno de los pocos superhéroes que demuestra con HECHOS que no es cundango, pues se casa y tiene dos hijos (Kit junior y Heloise). De paso, Spidey también termina casándose con Mary Jane, aunque no he sabido que hayan tenido arañitas.

Pero lo más ápero de el Fantasma es que no tiene poderes sobrenaturales. Se basa en agilidad y reflejos, mucho de artes marciales y la colaboración de la “gente pequeña” de la selva africana donde vive, que en más de una ocasión lo sacan de un lío. Me gusta el enfoque de tradición familiar que tiene el personaje, pues Kit Walker es el Fantasma #21 desde que el Fantasma original jurara que lucharía contra la piratería y contra los Sighs que son los archi-enemigos de todos los Fantasmas.

Ahora bien… si han leído este tema hasta acá, pensarán que mi historieta favorita es alguna de esas, de superhéroes, de golpes y villanos… Si pensaron eso, se equivocaron medio a medio. La historieta que desde SIEMPRE ha sido mi favorita, la que leo de último porque sé que es la que más risa me provocará, es la del argentino Guillermo Divito que presenta a un circunspecto abogado absolutamente pulcro y decente, al que cuando se encuentra con situaciones en donde la ética y el decoro impide una expresión audible, le sale “el otro yo” y se desborda alegremente con las más sinceras e impublicables de las palabras.

¡El Doctor Merengue!

El Dr. Merengue es un atildado personaje, correcto y educado, nunca pierde la compostura. Pero el impecable Doctor tiene una cara oculta. Como en Dr. Jeckill y Mr. Hyde, de Stevenson, hay una doble personalidad, y su inconsciente freudiano, literalmente, sale a decir lo que realmente piensa.


Me encanta la manera de ser tan “freudiana” que tiene el otro yo del Doctor Merengue, y me parece la más sincera de las autocríticas que tiene el mundo de las historietas. El otro yo, el que todos tenemos, el que llevamos por dentro pero nunca mostramos, el que dice lo que jamás diríamos, el que no tiene pudor ni vergüenza, ese yo oculto y reprimido por las “buenas costumbres”, es el que sale tan fresco y libre en las historietas del Doctor Merengue…

Más humano, ¡NADA!




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