La noche más maravillosa

Mi madre me enseñó muchas cosas, y de ellas tres sobresalen: Me enseñó la humildad, me enseñó la fe en Dios, y me enseñó las canciones de Alberto Cortez.

Hace unas horas, en el Teatro Nacional, tuve el privilegio de regalarle a mi madre una noche llena de sorpresas… Le dije en la tarde que se preparara para ir al concierto de Alberto Cortez, y casi se desmaya. Le di la sorpresa de invitarla al concierto, y estaba como loca. Pero tonto no soy, el regalo no era sólo para ella, sino igualmente para mí. Mis 37 años han estado arrullados, bendecidos y enriquecidos con la discografía de este artista del mundo, que teje versos con cuerdas de guitarra.

El concierto empezó con tres temas de Antonio Machado, y luego Alberto “asumió la responsabilidad de las letras” y nos dijo que si no le gustaba alguna canción “debajo de su butaca hay una canasta de tomates para que me los lancen”. La vejez, El abuelo, Nanas de la cebolla, Siempre hay algo más, Qué maravilla, Yo quiero ser bombero, Mi árbol y yo, Como el primer día, Te llegará una rosa, A mis amigos, Distancia… una enorme represa de poesía y acordes se derramó sobre nosotros esta noche inolvidable. Alberto Cortez Sinfónico, con la dirección de Amaury Sánchez, fue sin lugar a dudas, una experiencia inenarrable. Me precio de tener un léxico privilegiado, y tengo que reconocer que la noche de hoy, para mí, es carente de adjetivos.

Y para colmar de sorpresas nuestra ya rebosada capacidad de asombro, Alberto dijo que firmaría autógrafos al final del concierto. ¿Creen ustedes que me iba a ir? Ni matado. Desde que tengo uso de razón, he ido a casi todos los recitales que ha cantado en nuestro país. Y desde 1984 abrigué la esperanza de poder estrechar su mano y saludarle. Pues esta vez… ¡LO LOGRÉ!

Terminado el concierto, mi madre fue al auto pero yo perdí la vergüenza que a veces me hace tímido, y busqué decididamente los camerinos. Junto a mí encontré cerca de 50 personas que habían sido audaces antes que yo, y esperaban al Maestro. Felicitamos mientras tanto a Amaury, que sinceramente estuvo magistral, y del camerino siguiente, justo a mi lado, emergió un Alberto Cortez risueño, contento, con cara de niño y acercó sus casi 6 pies de altura a nosotros. Antes que a Zoila Luna… Antes que a la madre de Amaury Sánchez… Antes que a otras personas que habían cerca, la mano que Alberto Cortez estrechó fue la de Darío Martínez, la de un inusualmente atrevido Darío Martínez, que se puso de fresco alante y casi le hace una reverencia… ¡DIOS MIO!

Después fuimos al lugar donde firmaría los autógrafos y al ver que la fila era larga llamé a mi madre, que estaba en el auto esperándome. “Madre, vas a tener que esperarme, porque tengo a Alberto a mi lado y no me voy sin que me firme un autógrafo” “¿¿¡QUE!?? ¡VOY PARA ALLÁ!” Mi madre, si no lo saben, tiene una molestosa cojera por poliomelitis, pero venía casi trotando cual Félix Sánchez desde el estacionamiento, y tomó mi mano con emoción mientras la llevaba tras bastidores. Allí hicimos fila, y Alberto nos firmó los programas… Le dije al Maestro estas palabras: “Alberto, esta mujer que ves acá me enseñó muchas cosas, entre ellas la humildad, la fe en Dios y tus canciones… y mira que me ha criado bien!”

NIRVANA HAS COME TO ME! Señores, esta para mí ha sido una noche insuperable a nivel de espectáculos!!! ¡ESTOY EUFÓRICO!

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